¿Alguna vez te pasó de estar hablando con alguien, y que dijese algo que te dejó pensando varios días, incluso meses? Pues a mí me pasó que hablando con un amigo, y entre diversos temas, charlamos de la oración. Ambos comentamos de qué creíamos que se trataba, y al final dijo algo que quedó dando vueltas en mi cabeza: “si realmente conociéramos lo importante que es la oración, no negociaríamos rezar.”

Desde la etimología de la palabra podemos vislumbrar, al menos en parte, de qué se trata. Orar proviene del verbo latino orare, que quiere decir hablar o rogar. Vale aclarar en este punto, que no pretendo exponer un extenso tratado sobre los diferentes modos de oración, sus respectivos pasos, o la parte más técnica, por así decirlo.

El fin de esto, y creo importante que lo conozcas desde ya, es que vos y yo reflexionemos acerca del lugar que la oración ocupa en nuestro diario vivir, en nuestros lunes o martes, domingos o sábados, en fin, todos los días.

 ¿Alguna vez te preguntaste qué es la oración, para qué rezamos?

Si la respuesta es sí, ¡te felicito! Y agradece a Dios por haberte revelado una de las verdades más hermosas, y si tal vez no, no te desanimes, quizá éste sea el momento que el Señor te tenía preparado desde toda la Eternidad. Abre tu corazón y deja que Él te vaya iluminando, para que conozcas, al menos un destello, sobre la belleza de ser un alma de oración.

Es muy común la creencia de que cuando una persona sufre mucho, se acerca en la misma medida a Dios, se entrega a Él y entabla una seria e íntima relación. Esto es maravilloso ciertamente, y aunque hay ejemplos que lo avalan, no siempre es así. Tanto en alegría como en desgracia, el hombre puede olvidar a Dios, y abandonar su vida de fe y oración a causa de una tristeza o malestar.

Otras veces puede ocurrir que creamos que la oración es algo espontáneo, que debe salirnos naturalmente para que sea algo auténtico, que debe ser una inspiración del momento, pero esto es en realidad un peligro para nuestra vida espiritual. Es algo tan valioso, que no podemos entregarlo a la mera casualidad, a suerte de nuestras emociones.

La oración fue definida por muchos santos a lo largo de la historia, pero hay una que me gusta mucho y me gustaría compartirte:

Me has escrito: “orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?” —¿De qué? De Él, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias…, ¡flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio. En dos palabras: conocerle y conocerte: ¡tratarse! San José María Escrivá de Balaguer

No puede quedar más claro que la oración es entonces un trato, y no con un espíritu o una idea, sino con una Persona viva, ¡Dios mismo, Uno y Trino! Y no sólo eso, sino que además quiere ser el Mejor de los amigos, de cada uno de nosotros. La belleza de la oración consiste también en que es un trato amistoso, dulce, el más agradable de todos, por ser con la Persona Divina.

Es una relación de profundo Amor, y por esto justamente, la necesidad e importancia de tomarlo con seriedad, y solidez, como un servicio de fidelidad y obediencia a quien tanto nos ama y hace por nosotros. Estimado lector, el Mejor Amigo nos espera siempre, te ama y me ama como nadie, porque Él nos pensó y creó.

¿Alguna vez permaneciste varios minutos sin respirar, mientras te tapabas la nariz y competías con tus hermanos o amigos? Es muy difícil, no podemos vivir sin respirar. ¿Lo has intentado cierto? De la misma manera, así como no podemos vivir sin respirar, un cristiano no puede vivir sin oración.

¿Es realmente imprescindible la oración? La respuesta en este punto debe ser unívoca, SI. En cuanto a los modos y pasos, dependerá de cada alma y sus particularidades, las cuales es conveniente que se hablen con algún director espiritual. Pero respecto a la necesidad, ninguno de nosotros debería dudar; sin la oración, se marchita la vida de fe (que es una gracia de parte de Dios), se atrofia nuestra vida espiritual. A la larga se hace imposible creer sin orar.

Romano Guardini, sacerdote, pensador, escritor y académico alemán, expresó:

La oración es la expresión más elemental de la fe, el contacto personal con Dios, al que fundamentalmente está enderezada la fe.

Por tanto, estimado lector, podemos decir sin temor a equivocarnos, que la oración no es una actividad que pueda dejarse o ejercitarse sin que la fe se vea afectada. Esta brota de una fe viviente, necesariamente, pero para que la fe se mantenga viva, requiere de la oración. Es un círculo perfecto, donde ambos elementos esenciales para la vida de nuestra alma se requieren y alimentan. Pero es hermoso y reconfortante acordarnos que no estamos solos, y como los discípulos también podemos decir:

Señor, enséñanos a orar. Lc 11, 1-4

No tengamos miedo de acercarnos a Él y manifestarle nuestra pequeñez, nuestra nada y la inmensa necesidad de su Amor, pues la auténtica oración incluye humildad, la cual no es debilidad sino verdad. ¡Cuánta belleza hay en estas verdades! ¿lo has notado?

Antes de acabar, consideremos rápidamente algunas inquietudes que pueden aflorar en nuestros momentos de oración, o previo a ellos. Es bien sabido que el demonio nada quiere saber con que vos y yo nos unamos con Dios, por tanto, busca la manera de distraernos con pensamientos errados. Y a la hora de disponernos para la oración se nos cruzan algunos como:

  • “si yo no sé rezar”, “esto no es para mí”
  • “seguro me distraigo todo el tiempo”, “es muy aburrido esto de hablar con Dios”
  • “aquel no reza nunca y no le va mal para nada”, “me canso de recitar Ave Marías como un loro”
  • “mejor lo dejo para la noche (y acabamos durmiéndonos)”, “estoy empezando a cuestionar si Dios existe realmente”
  • “no creo que Dios se moleste si no rezo, total soy buena persona”, y miles de ejemplos que podríamos seguir pensando.

Se da en nosotros una contradicción aparente, buscamos y reconocemos que necesitamos al Señor, pero evitamos tener momentos de amistad con Él. No debemos olvidar que estamos llamados a cuidar nuestra alma con especial solicitud, que no quede oprimida por las preocupaciones sólo corporales, pues está hecha para las alturas.

Rezar, no debe ser sólo un deber, sino que nuestra alma, nuestra dimensión espiritual lo anhela, lo necesita, lo requiere (porque fue creada para lo Eterno, para la íntima y estrecha unión con su Creador, para descansar en Él).

Mientras más conozcamos el valor de nuestra vida espiritual, más podremos amarla y procurarle lo mejor. También debemos esforzarnos por conocer y buscar lo acertado y ponerlo en práctica con fidelidad y disciplina, venciéndonos incluso a nosotros mismos, porque la vida no discurre uniformemente. Hay en ella épocas de vacío e impotencia, y otras de plenitud y energía, y todo lo que influye en nuestra vida, influye también en nuestra oración.

Persevera en la oración. —Persevera, aunque tu labor parezca estéril. —La oración es siempre fecunda. San José María Escrivá de Balaguer

Si no estamos en fervor; creemos que no es para nosotros; estamos molestos con Dios, o lo rechazamos, no te amargues, antes busquemos que nuestra relación con Dios mejore, y recemos cosas sencillas para empezar. El Padre tiene un tiempo perfecto para cada uno, ¿qué hemos de temer? Y si aún así no podemos, arrodillémonos delante de Dios y digámosle: “Señor, necesito orar, pero no puedo”. Deja que Él te guíe…

La fe no es un saber inalterable, que se ha constatado de una vez para siempre y permanece inmutable e idéntico, cualesquiera que sean las vicisitudes de la vida. La fe no es un sentimiento, sino una vinculación de la persona con Dios, que se le ha revelado. La esencia de la fe consiste en la perseverancia, ya que no se funda en los sentimientos, sino en el carácter, no en la experiencia interna sino en la fidelidad a la palabra de Dios, no en un contenido variable de la vida, sino en su fundamento mismo permanente.

Hoy te invito, estimado lector, amigo, compañero en este caminar hacia la Casa del Padre, a seguir en nuestro puesto ante las dificultades, resistir y perseverar con la ayuda de la gracia. Es necesaria la constancia en las prácticas piadosas, a pesar de una fogosidad o sequía en nuestra alma, sobre todo poniendo un inmenso amor en cada cosa que hagamos, por pequeña que sea.

No hace falta que discurras en pensamientos incomprensibles o enredados, empieza de a poco, pídele a nuestra Madre María que te enseñe, también puedes pedir consejo a un buen sacerdote.

Puedes recitar el Santo Rosario, que es un arma poderosísima contra el demonio, y un acto de amor filial a María; ve delante del Santísimo y quédate varios minutos mirándole, conversándole, escuchándole, dejándote consolar y amar por Él

No olvides ofrecer tu día por las mañanas, y agradecer por todos los bienes recibidos por las noches; ofrece cuanto hagas durante el día con una jaculatoria o un pensamiento, así todo será oración; nútrete de la Palabra que da Vida, medítala, piénsala y goza de ella.

¿Quieres saber cuál es la voluntad de Dios para tu vida?, reza. ¿Quieres crecer en la vida cristiana?, reza. ¿Te sientes triste y abatido?, reza. ¿Estás feliz y te sientes en paz?, reza. ¿Las cosas te vienen saliendo mal, quieres que un amigo o familiar se convierta, tienes muchos defectos que te lastiman y a los demás?, reza. ¿Te salió el trabajo que buscabas, mejoraron problemas familiares y económicos que tenías, pudiste conseguir eso que tanto necesitabas?, reza. ¿Te sientes sólo, dejado de lado, utilizado?, reza. ¿Dios te regaló buenos amigos, un buen ambiente, una buena carrera?, reza.

La oración siempre es necesaria, porque siempre podemos hablar con nuestro Mejor Amigo.

Pero, sobre todo, deja que el Señor te moldee cual vasija de barro, que Él vaya conformando tu vida espiritual, aunque necesita de tus esfuerzos y de tu amor, porque no te obliga, sino que como Buen Padre que es, te regalo y me regaló una libertad, para que por una decisión voluntaria le abras las puertas de tu vida para que entre y se quede con vos. ¡También aquí se esconde una belleza incalculable!

Dios no se olvida de ninguno de nuestros esfuerzos hechos por amor a Él, por esto, ¡Ave María y adelante!

 Pedid y se os dará. Mt 7,7

Guadalupe Araya

Publica desde octubre de 2020

"Si de verdad vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo a toda costa", decía el gran Chesterton. Pienso que a eso estamos llamados, a hacer el Bien hasta dar la vida si es necesario; a buscar la Verdad, que nos hace verdaderamente libres; y a manifestar la Belleza a nuestros hermanos, si primero nos hemos dejamos encontrar por esta. ¡No hay tiempo que perder! ¡Ave María y adelante! Argentina, enamorada de la naturaleza, el mate amargo y las guitarreadas. Psicóloga en potencia. La Fe, ser esclava de María, y mi familia, son mis mayores regalos.