Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada nació el 28 de marzo de 1515 en Ávila, España; y fue una auténtica revolucionaria para la Iglesia y para la sociedad de su época. Quien conoce su historia sabe que es mentira el argumento tan sonado en nuestros días de que la mujer nunca ha tenido protagonismo dentro de la Iglesia Católica. El testimonio de santa Teresa de Ávila es ejemplo de la verdadera fortaleza femenina, que nace de la belleza espiritual de la mujer, capaz de entregarse por entero a Quien nos amó primero, en contemplación constante de la persona de Jesucristo.

Lo que contaré en estas sencillas líneas acerca de esta gran mujer, se quedará corto ante la magnanimidad de sus virtudes y obras. Mi intención, antes que nada, es despertar tu interés para que conozcas de primera mano la belleza de su obra, especialmente te recomiendo “Las Moradas” o también conocido como “El Castillo Interior”.

Es fascinante leer de principio a fin la vida de santa Teresa de Ávila o santa Teresa de Jesús, como también se le conoce. Desde pequeña fue una niña excepcional, amaba la lectura y deseaba de todo corazón ser mártir por Cristo. Tanto fue así, que una vez se escapó de casa con su hermano Rodrigo, con el ánimo de viajar al país de los moros, y allí dar su vida por la Fe, pero un tío acabó con la inocente intención, al encontrarlos y devolverlos al hogar.

Descubrió su vocación religiosa después de leer la colección de cartas de san Jerónimo, al principio su padre no estaba de acuerdo; sin embargo, con el tiempo cedió ante la insistencia de Teresa. Ingresó al convento de la Encarnación a la edad de veinte años; al inicio de su vida religiosa le costó cultivar las virtudes necesarias para su vocación, lo que era alimentado por la falta de oración y las conversaciones inútiles. Aconsejada por su director espiritual volvió a frecuentar la oración, desde ese momento la penitencia y la cruz se volvieron pilares fundamentales de su cotidianidad.

Santa Teresa de Ávila fue la primera mujer en ser proclamada Doctora de la Iglesia, el 27 de septiembre de 1970 por el Papa Pablo VI; título otorgado a tan solo cuatro mujeres a lo largo de la historia: santa Catalina de Siena, santa Teresita del Niño Jesús y santa Hildegarda de Bingen.

Pero ¿Qué hace que santa Teresa sea Doctora de la Iglesia? Primero que todo, tengamos presente que para recibir este título se deben cumplir tres condiciones: 1) insigne santidad de vida, 2) doctrina celestial inminente y 3) reconocimiento o declaración expresa del Sumo Pontífice (De servorum Dei beatificatione et canonizatione).

Todas estos requisitos los cumplió cabalmente nuestra querida Teresa; no obstante, si hay algo que la caracteriza es la belleza de su abundante vida interior: santa Teresa era una mujer hecha contemplación, amante del silencio, tanto que llegó a tener en su vida muchos episodios considerados como místicos, quizás el más conocido de todos “la Transverberación”, en el que el corazón de Teresa es atravesado por la espada de un ángel, el evento místico se pudo corroborar al morir Teresa: su corazón muestra una herida profunda.

Vi a mi lado a un ángel que se hallaba a mi izquierda, en forma humana. Confieso que no estoy acostumbrada a ver tales cosas, excepto en muy raras ocasiones […] Me parecía que por momentos hundía la espada en mi corazón y me traspasaba las entrañas y, cuando sacaba la espada, me parecía que las entrañas se me escapaban con ella y me sentía arder en el más grande amor de Dios. El dolor era tan intenso, que me hacía gemir, pero al mismo tiempo, la dulcedumbre de aquella pena excesiva era tan extraordinaria, que no hubiese yo querido verme libre de ella. Santa Teresa de Ávila, Libro de la Vida Capítulo XXIX.

La espiritualidad de santa Teresa de Ávila remarca la necesidad de adentrarnos en nuestro propio castillo interior, el cual según la santa tiene siete moradas; así, se avanza en dichas moradas a medida que el alma se une más a Dios, esta unión sólo es posible a través del silencio, la oración y el olvido de uno mismo.

…que es considerar nuestra alma como un castillo, todo de diamante, o muy claro cristal, donde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas. Santa Teresa de Jesús, El Castillo Interior o las Moradas, Moradas primeras

Un rasgo adicional de santa Teresa de Jesús es que su vida estuvo enmarcada en el sufrimiento. Un hecho que puso a prueba su fe: cuando enfermó gravemente a muy temprana edad, haciéndola recurrir a todos los tratamientos disponibles de aquella época sin lograr mayor recuperación, por lo que se creía que estaba cerca su muerte, la santa duró varios años postrada en cama, ante su situación recurre a la intercesión de San José y poco a poco se recupera.

Tomé por abogado y señor al glorioso San José, y encomendéme mucho a él. Comencé a hacer devociones de Misas y cosas muy aprobadas de oraciones, y lo tomé por abogado… y él hizo, como quien es, que pudiese levantarme y andar y no estar tullida. Santa Teresa de Ávila, Libro de la Vida, Capítulo VI.

Otra prueba que santa Teresa soportó estoicamente se presentó en 1575, cuando fue denunciada ante el Tribunal de la Santa Inquisición, acusada por una mujer expulsada del convento, de predicar una falsa doctrina cristiana, lo que fue encontrado sin fundamento por el Tribunal de la Inquisición después de examinar su obra “Libro de vida”.

Una de las acciones más revolucionarias de santa Teresa fue la reforma que emprendió en la Orden de las Carmelitas, junto con San Juan de la Cruz, la cual no fue bien vista ni por la sociedad de la época, ni por sus propias hermanas de convento. No obstante, Teresa vio la necesidad de llevarla a cabo ante la vida disipada que llevaban sus hermanas: relajamiento en la oración, visitas frecuentes especialmente de caballeros y salidas constantes. La Orden reformada se denominó Orden de las Carmelitas Descalzas, y como regla se estableció la clausura más estricta, el silencio y la pobreza.

La vida de santa Teresa de Jesús siempre será una locura para el mundo, es común encontrar documentos que consideran que la santa sufría patologías psiquiátricas, tratando de justificar así sus experiencias místicas, pero en realidad su fortaleza y su vida hecha virtud la hacen merecedora de un prestigioso lugar en la Iglesia, su testimonio nos demuestra que los caminos de la gracia siempre nos llevarán a lugares inimaginables. Santa Teresa de Ávila, ruega por nosotros y enciende nuestros corazones de un fervoroso amor por Cristo Crucificado.

María Paola Bertel

Publica desde mayo de 2019

Investigadora social en formación, alma militante, llamada a servir por amor. Me apasiona escribir lo que Dios le dicta a mi corazón. Aprendí a amar en clave franciscana. ¡A Jesús por María y José!