La figura de San José continúa oculta aun en nuestros días, no es común oír hablar de este gran santo. Muchas veces como católicos desconocemos o no atribuimos mayor importancia a la labor de José en las vidas de Jesús y María. Fue hace poco que descubrí las maravillas que trae al alma la devoción al Castísimo esposo de la Virgen María.

Parece un gran sinsentido que el hombre al que Dios escogió para padre y custodio de Su Hijo permanezca escondido a la devoción popular. Sin embargo, de San José podemos aprender tanto, que hasta en esta situación nos enseña cómo no pretender ocupar los primeros puestos, a ser partícipes de la gloria de Dios con prudencia y humildad. 

Enséñanos, José, cómo se es no protagonista, cómo se trabaja sin exhibirse, cómo se avanza sin pisotear, cómo se colabora sin manejar, cómo se ama sin reclamar… Oración a San José, origen desconocido

En la Sagrada Escritura no encontramos diálogos o palabras dichas por San José. No obstante, su silencio nos habla de su vida interior. Lo que sí narran las Escrituras, es que José era descendiente del rey David, y de acuerdo a las profecías del Antiguo Testamento, también el Mesías lo sería. De esta forma, Cristo es descendiente de David, ya que su padre en la ley es San José, como está descrito al inicio de los Evangelios de Mateo y Lucas.

Ahora bien, meditemos un poco acerca de la vida de José y su familia. Lo que comúnmente conocemos es que José era esposo de María (cfr. Mateo 1, 16); propongo que para adentrarnos en las cualidades de José miremos primero a la Virgen María: la Mujer escogida por Dios para llevar en su vientre al Salvador, la Inmaculada, la Mujer que derrotaría a la serpiente, la Llena de Gracia…

Con base en esto, ¿se imaginan cuán justo debería ser el esposo de semejante Mujer? O más bien, ¿cuán santo debió ser el varón que Dios escogiera para ser protector de sus dos más grandes tesoros? Así, a través de la belleza de las virtudes de María, nos acercamos a las virtudes de su esposo José. El Evangelio de San Mateo lo define como justo (cfr. Mateo 1, 19):

El Evangelio atribuye a José el nombre de Justo. ¿Qué nos viene a significar lo de hombre justo? Significa, dice San Pedro Crisólogo, un hombre perfecto, que posee todo género de virtudes. En efecto, José era ya santo antes de los desposorios; acrecentóse, sin embargo, señaladamente su santidad después de verificados aquellos con la Virgen Santísima, cuyo ejemplo solo hubiera sido suficiente para santificarle. San Alfonso María de Ligorio

La custodia de Jesús y María significó para José el ejercicio heroico de sus virtudes. Tres veces fue visitado por ángeles, mediante los cuales Dios le comunicaba su voluntad. José tuvo mucha fe y caridad cuando le fue dicho que su esposa sería Madre de Dios; tuvo mucha esperanza, obediencia y fortaleza cuando le fue dicho que debía partir presuroso con su familia a Egipto, pues Herodes quería asesinar a Jesús; fue diligente al trabajar amorosamente para el sostenimiento de su familia; entre otras cualidades con las que Dios adornó al esposo de la Virgen María.

La Sagrada Familia de Nazaret, aun cuando fue escogida como morada del Salvador, tuvo que hacer frente a las vicisitudes de una familia normal. Fueron migrantes en tierra extranjera, no tuvieron techo, los recursos económicos se hicieron escasos. Los santos padres del Salvador no estuvieron exentos del sufrimiento humano. Por responder con fidelidad en todo momento, San José es considerado Custodio del Amor, representado en Jesús y María.

San José también nos enseña a escuchar la voz de Dios, a través del silencio. Es tan necesario aprender del silencio de San José en estos días, en los que nos apresuramos por expresar nuestras opiniones o juicios, sin antes haber escuchado, sin habernos detenido a prestar atención a lo que Dios quiere de nosotros. La belleza del silencio de San José está en que no es un silencio pasivo, es ante todo un silencio originado en la oración, puesto en acción y hecho amor, pues él, aun en medio de sus limitaciones humanas, supo en todo momento proveer de lo fundamental a su familia.

Santa Teresa de Jesús lo llamó Patrón de la vida interior, pues esta solo es resultado del trato íntimo con Jesús y María, del cual gozó José durante años. Además, San José es reconocido como Patrono de los imposibles.

Querría yo persuadir a todos que fuesen devotos de este glorioso santo, por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido a nadie que le tenga verdadera devoción y le haga particulares servicios, que no lo vea más aprovechado en la virtud; pues ayuda mucho a las almas que a él se encomiendan. Santa Teresa de Jesús

La formación de Nuestro Señor Jesús estuvo en manos de este justo varón; Él desde pequeño lo miraba trabajar en su sencillo taller de carpintería. Me gusta imaginar cómo Jesús, diligente y servicial, ayudaba a su padre en las labores diarias, cómo el mismo Dios hecho carne prestaba atención a sus enseñanzas y le obedecía dulcemente. Incomprensibles bellezas contiene la contemplación del misterio de la Encarnación de Nuestro Señor. Por instruir a Cristo en los dignos trabajos humanos San José también es conocido como Patrono de los trabajadores.

Todas estas virtudes que encontramos en San José lo convierten en modelo del auténtico varón. Es preciso volver a mirar a San José, para comprender lo que Dios espera del hombre; al igual que es necesario contemplar a María, para recuperar el sentido de ser verdaderamente mujer. Pidamos a San José por la santidad en la familia, la cual se ha visto tan amenazada. La devoción a San José es una necesidad en nuestros días, especialmente para que las futuras familias sean santas desde el noviazgo.

Dios había escogido aquella casa, y aquel matrimonio, como morada especialísima, más santa que el arca de la Antigua Alianza. Valía la pena superar las leyes de la carne, y vivir en estado de adoración. Ignacio Larrañaga, el Silencio de María

San José también es Patrono de la buena muerte, pues de acuerdo a la tradición, José murió acompañado de Jesús y María, como todo buen cristiano lo desea. A él recurren sus devotos, pidiendo su intercesión, para que al momento de su muerte se encuentren en estado de gracia.

Son muchas las virtudes que podemos encontrar en San José. Roguemos al Custodio de la Iglesia Universal nos enseñe a permanecer firmes en la fe en momentos de tribulación, a contemplar desde el silencio la vida de Nuestro Señor, para que un día, por medio de esta santa devoción, se nos conceda un corazón capaz de amar puramente, como él amó su Sagrada Familia. San José, maestro de fe, ruega por nosotros.

María Paola Bertel

Publica desde mayo de 2019

Investigadora social en formación y misionera católica, llamada a servir por amor. Me apasiona escribir lo que Dios le dicta a mi corazón. Aprendí a amar en clave franciscana. ¡A Jesús por María!