Cuando vamos a comprar una piedra preciosa o alguna perla, corremos el riesgo de ser estafados, es decir, que nos vendan algo a un precio que posiblemente no valga la pena.  Por ese motivo y no otro, los mismos artesanos, los buenos, nos ayudan con algunas pautas a tener en cuenta a la hora de hacer la compra.

Así leí una vez: “Cómo saber si una piedra preciosa es falsa o genuina:

Al comprar piedras preciosas, es importante saber si la que uno desea adquirir es genuina o una imitación, si no quieres pagar por una de imitación, el precio de una genuina. A primera vista, es posible que no puedas ver la diferencia entre una y otra. Por lo tanto, debes hacer algo más que solo mirar para distinguirlas.

El problema es cuando se venden como piedras preciosas reales las que son de imitación. También debes entender la diferencia entre ambas. Las gemas sintéticas fueron hechas para ser como las verdaderas. Deberías poder tocar una perla de plástico y saber que no es genuina. Son los sintéticos los que pueden engañarte.

Otras cosas que hay que recordar:  las piedras preciosas reales son naturales y debido a esto van a tener defectos. Si bien puedes pensar que sería al revés, las piedras reales son claramente imperfectas, mientras que las gemas sintéticas se verán impecables.

Además, las piedras falsas tienden a brillar, incluso mejor que las piedras preciosas reales, porque estas se han desgastado a través del tiempo, y por acción del medio ambiente.

Otra forma fácil de determinar rápidamente si una gema es real o no, es según su peso. Normalmente, las piedras sintéticas van a ser más densas que las piedras reales y, por lo tanto, deberían ser más pesadas. La diferencia debe ser notable simplemente sosteniendo la piedra en su mano.

Otro factor que debería ayudar es el precio. Piense en ello de esta manera; si parece demasiado bueno para ser cierto, probablemente no lo sea. Las piedras sintéticas son mucho menos valiosas y, por lo tanto, menos costosas que las reales. Un impostor intentará hacerle creer que es una pieza exclusiva para sacar provecho y, aunque su precio parezca accesible, verdaderamente no lo vale.

Esto se debe a que se fabrican en un laboratorio y pueden producirse en masa, mientras que las piedras reales se obtienen de la naturaleza, son realmente únicas, no tienen copias. Debido a que cada una de ellas es original y limitada, las piedras reales te costarán más.” Hasta aquí las palabras de los artesanos.

Quizá te preguntes el motivo de lo que acabas de leer, esas advertencias sobre piedras no parecen tener demasiado sentido, ¿verdad?

Providencialmente, podemos hacer una analogía con nuestras vidas… si es que no fuimos haciéndola hasta el momento.

¿Alguna vez escuchaste hablar sobre “ser de una sola pieza” ?, ¿sabes qué significa realmente? Bien, quiere decir muchas cosas, y se podrían sacar muchísimas aplicaciones más, pero veamos si podemos explicarlo diciendo lo que no es “ser de una sola pieza”.

El primer ejemplo que se me ocurre es cuando tenemos “muchos rostros”, cuando estamos verdaderamente divididos, actuamos según las circunstancias, nos dejamos llevar por lo que ocurre en el momento. En este caso, la integridad es lo que deberíamos practicar. Una persona íntegra es una persona con valores y principios, claros y firmes.

Busca ser honesto en sus acciones y palabras, es honrado, leal, no da lugar a la mentira, es decir que es veraz, respeta a los demás y a sí mismo, busca la armonía, el autocontrol, la paz de Dios lo acompaña. Una persona íntegra es una persona digna de nuestra confianza.

Otro ejemplo: cuando fingimos ser lo que no somos, cuando en lugar de trabajar en la mejor versión de nosotros, según lo que el mismo Dios quiso darnos para ello, intentamos ser alguien más. ¿Esto quiere decir que no podemos imitar buenos ejemplos, como las obras o vidas de los santos? ¡NO! Justamente, somos seres sociales por naturaleza, necesitamos de los demás, no solo materialmente sino también de modelos que sean santos, entre otras cosas. Por eso es tan importante dar buen ejemplo, buen testimonio, pero con corazón sincero, por y para el Señor, no de apariencia.

Es más, puede que al ver que un hermano obra correctamente y da con ello gloria a Dios, nos sintamos movidos a hacer lo mismo, porque el Espíritu Santo también nos habla de ese modo. Lo que no tenemos que olvidar es que el Creador nos dio una esencia, este término de la filosofía indica “lo que hace que algo sea lo que es, y no otra cosa”.

Somos únicos e irrepetibles, y estamos llamados a descubrir eso que nos hace especiales siendo nosotros mismos en plenitud, dejando que Dios se manifieste a través de nosotros, desde lo que somos realmente, obra de su Amor, trabajando para ser como Él. Cuando intentamos ser alguien más nos falta autenticidad, lo cual nos puede hacer muy infelices.

Si vemos otro ejemplo, no somos de una sola pieza cuando nuestras obras, nuestras acciones quitan lo que siembran nuestras palabras. Cuando hay una dicotomía u oposición entre nuestro discurso y nuestro modo de vivir, de hacer las cosas.

Todos podemos caer en esto, recordemos que estamos trabajando para ser como Él y en ocasiones fallamos. ¡Y vaya que lo hacemos! Pero es importante estar alerta, preparados, y evitar a cualquier precio las ocasiones donde nuestras acciones contradigan nuestras buenas y nobles palabras. Un corazón humilde y bien dispuesto, hermano, ¡esa gracia pidamos!

Tú das la victoria a los humildes, pero humillas a los altaneros. Salmo 18:27

El humilde reconoce que la victoria viene de lo Alto; darnos por completo a Dios y confiar en Él es el camino seguro. Cuando hay poca, o ninguna relación entre lo que decimos y hacemos, probablemente no haya en nosotros un verdadero convencimiento, y debemos trabajar por una vida con coherencia.

Jesús en el Evangelio dice que cuando digamos “sí”, que sea realmente sí; y, cuando digamos “no”, que sea no. (Mateo 5:37) Eso significa la palabra coherencia, decir y hacer una misma cosa, lejos del doble discurso o de fingir, como solemos decir. Para trabajar esto, podemos empezar desde lo más sencillo, como cumplir cuando me comprometo a hacer un favor, evitando decir mentiras por pequeñas que parezcan, tratando de ser lo más realista posible: no engañar a los demás ni a nosotros mismos.

Esto es clave, porque ya se nos dijo que el que es fiel en lo poco, será fiel en lo mucho. ¡Todo esfuerzo vale, y no la pena, sino la vida!

Entre millones de cosas que podríamos decir de esto, agreguemos que “ser de una sola pieza”; es al fin y al cabo ser genuinos, íntegros, auténticos, sin doblez. Jesús alaba esto, por ejemplo, cuando dice en el Evangelio según San Juan 1,47-51 a Natanael: «Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez (…) Verás cosas más grandes todavía»

Puede sonar pesimista todo lo dicho hasta acá, pero no creamos eso, ¡ser de una sola pieza nos va a hacer realmente felices! Cuando intentamos serlo, dejamos que nuestra belleza, que es reflejo de la Belleza, se expanda e ilumine a cuantos tenemos alrededor.

Cuando somos nosotros mismos, y aceptamos nuestras luces y sombras, damos la oportunidad a Jesucristo de ser nuestro Redentor, abrimos nuestro corazón al Amor que sana, que nos muestra el mejor camino, que nos quiere con Él en la Gloria. Él conoce absolutamente todo de nosotros, no tengamos miedo de mostrarnos naturales, de darle nuestros defectos para que los torne en virtudes que nos embellezcan.

Si buscamos la perfección por una mera cuestión de vanidad, posiblemente queramos hacer las cosas a nuestro modo, por lo que corremos el riesgo de dividirnos entre los modelos que consideramos “los mejores”, pero en verdad se trata de dejar que Dios vaya moldeándonos como hace el alfarero con la arcilla. Permitamos que sea Él quien nos haga “de una sola pieza”.

Es necesario que él crezca, pero que yo disminuya. Juan 3,30

Cuanto más auténticos seamos, mejor conoceremos nuestro verdadero valor, aquel que nos otorgó el Padre al crearnos, el Hijo al redimirnos, y que nos da el Espíritu Santo habitando en nosotros por la gracia, santificándonos si se lo permitimos. ¡Quién se atreviera a pensar siquiera que vale poco o que carece de valor!

Y a esto sumémosle que … sólo existe UNO de nosotros, una sola versión, lo cual podemos olvidar muchas veces intentando ser alguien más. Dios no nos creó en masa, te pensó, me pensó, desde toda la Eternidad, y te quiere, me quiere, con Él por toda la Eternidad. Su Amor es del todo particular, único y exclusivo, por eso nos quiere íntegros, veraces para corresponder a “Tal Amor”.

“El amor busca iguales o hace iguales” nos recuerda siempre mi mamá, por eso; ¿qué mejor que enamorarse del Amor? Él es la autenticidad por excelencia, y por ese vínculo amoroso nos vamos haciendo uno.

En su Sagrado Corazón descansa nuestra alma, recobra fuerzas para darse a los demás con generosidad, y es capaz de reflejar la Belleza, la Verdad y la Bondad, en todo cuanto haga de bello, verdadero y bueno.

“Ser de una sola pieza” es en definitiva ser nosotros mismos según el Plan Divino, a Imagen y Semejanza de la Trinidad. Ser otro Cristo.

Pidámosle a María Santísima, que siempre seamos de su Hijo, que pongamos nuestra energía y esfuerzo en ser nuestra mejor versión, que nuestras palabras y acciones estén en perfecta armonía, que no tengamos miedo de ser genuinos, pues, como decía Santa Catalina de Siena: “Si sois lo que tenéis que ser prenderéis fuego el mundo entero.”

Cristo nos necesita así, dispuestos a ser “DE UNA SOLA PIEZA”, ¡Ave María y adelante!

Guadalupe Araya

Publica desde octubre de 2020

"Si de verdad vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo a toda costa", decía el gran Chesterton. Pienso que a eso estamos llamados, a hacer el Bien hasta dar la vida si es necesario; a buscar la Verdad, que nos hace verdaderamente libres; y a manifestar la Belleza a nuestros hermanos, si primero nos hemos dejamos encontrar por esta. ¡No hay tiempo que perder! ¡Ave María y adelante! Argentina, enamorada de la naturaleza, el mate amargo y las guitarreadas. Psicóloga en potencia. La Fe, ser esclava de María, y mi familia, son mis mayores regalos.