Es un buen ejercicio, antes de adentrarnos en cualquier tema o lectura, reflexionar un momento acerca del significado propio de las palabras que vamos a emplear, para poder comprender mejor.

Así, en este caso refrescaremos brevemente la noción de orden. Se entiende por orden la acción de posicionar o colocar las cosas en el sitio que le corresponde a cada una, para formar un todo. De este modo, es la disposición de las cosas de acuerdo con un plan; con lo cual se contrapone a la casualidad y al caos.

Y si hay un plan, hay una progresión o sucesión de las cosas o hechos, y una relación que guardan unas con otras. Por tanto, si el orden es lo contrario al caos, conduce a la paz, lo cual es un gran beneficio.

¿Sientes que vives esclavizado por tus obligaciones y responsabilidades? Como una sensación de bombardeo por parte de la universidad, del trabajo, del colegio, de actividades del hogar, etc. Si bien hay particularidades, el común denominador es ver lo que tenemos que hacer como un peso, una carga, acompañado de una sensación de cautiverio o sometimiento en lugar de señorío.

Sentimos que no podemos ordenarnos, organizarnos y planificar porque “nunca acabamos lo que tenemos para hacer” y puede que estemos viviendo sin paz y amargados, en definitiva, o al menos no explotando todo nuestro potencial, trabajando todas las áreas de nuestra persona.

Así, sólo nos quedamos en el aspecto académico, y descuidamos la actividad física, o viceversa; sólo cultivamos el área social, de recreaciones, y al estudio o al trabajo no le prestamos demasiada atención; y podríamos seguir ya que hay tantos ejemplos como personas.

Pero hay una dimensión que suele descuidarse con mucha facilidad, a veces sin intención deliberada, que es la espiritual, o lo que es lo mismo: nuestra relación personal con Dios.

Pero ¡hay buenas noticias! Si nos damos cuenta a tiempo, podemos pedir la gracia y poner los medios para modificar nuestra vida, dentro de lo que pueda ser cambiado. Nos referimos a hacer un trabajo consciente, donde nuestra voluntad actúe para poner por obras, lo que nuestra inteligencia ve como lo mejor para alcanzar el fin: no improvisar nuestro día a día, caminar a tientas en la vida, sino ordenarnos, para poder crecer verdaderamente en todas nuestras áreas y, sobre todo, que crezca nuestra unión y amistad con el Eterno, con la Belleza, con nuestro Buen Dios.

Sin oración y recogimiento vamos perdiendo las fuerzas para el buen obrar; necesitamos el auxilio de la gracia, de la Palabra, del Rosario, en definitiva, mientras más llenos de Dios estemos, más y mejor vamos a poder darnos a nuestros hermanos, y las actividades que tengamos que hacer.

Una constante actividad sin vida interior, corre el peligro de estar vacía, o llena de nosotros mismos.

Yo he descubierto que son las cosas pequeñas, las acciones diarias de las personas ordinarias lo que mantiene a raya la oscuridad. Actos simples de amabilidad y amor. El Hobbit. J.R.R. Tolkien

Las obras deben ser el desbordamiento de la vida interior. Por muy intensa que sea, la vida activa termina en este mundo, los trabajos de toda clase cesan en el umbral de la eternidad. En cambio, lo que trabajamos de la vida interior jamás declina, pues por ella nuestra vida y nuestras obras cobran otro sentido: un valor de Eternidad, con lo cual, si ofrezco lo que hago, eso trasciende y no queda sólo en mí, pues se lo doy al Rey para cooperar en su obra salvadora, para bien de mis hermanos y de mi alma.

Esta es, creo yo, una de las bellezas más impresionantes de la vida de un cristiano, quien puede liberarse del egoísmo que se nos propone constantemente, y sentirse pleno, feliz, en paz. ¿Por qué? Porque acepta el orden que su Creador pensó: atender primero lo espiritual, lo que no pasa, lo que perdura luego de la muerte y no acaba acá, que nos da vigor y nos llena de ánimo; y con esto, ocuparse de la misión específica que se le ha encomendado.

Necesitamos, entonces, administrar el día a día, procurando encontrar en cada actividad un espacio para Dios; reconocer cuáles son las distracciones y las tentaciones que nos desvían de nuestros objetivos, una vez planteados.

Lo que se hace con precipitación nunca se hace bien; obrad siempre con tranquilidad, con calma. San Francisco de Sales

Preguntarnos y ser honestos, anotar, ayuda mucho. Claro que hay más preguntas posibles, aquí algunas:

  • ¿Cuáles son mis actividades fijas en la semana? ¿Qué es lo que sí o sí debo atender?
  • ¿Estoy siendo responsable con eso? (Puntualidad en el trabajo, eficiencia, cumplir con entregas de trabajos prácticos, estudio, cuidar a mis hermanos con dedicación, etc.)
  • ¿Qué actitudes debería poner en práctica para hacer mejor lo que me toca? ¿Qué debo modificar?
  • ¿Le doy espacio a Dios en mi día, me acuerdo de Él, le pido, me encomiendo? ¿Qué puedo hacer al respecto?
  • ¿Cuánto tiempo dedico a las redes sociales, a las series y películas, a escuchar música? O al celular, en una palabra. ¿Puedo dar ese tiempo a otras actividades y proyectos, que me enriquecen más?

Háganse un tiempo sagrado, inviolable, cada día, sólo para estar con aquellos que aman (me refiero en la Tierra como en el Cielo). No para hacer algo, sólo para estar ahí. Antes que me vaya. Peter Kreeft

Hay una herramienta muy útil, sobre todo si está pensada y es realista, es decir, si se adecúa a nuestras necesidades (obligaciones y proyectos) y nos ayuda a actuar con sentido práctico, ajustándonos a la realidad (tiene que ser flexible). Si hablamos de orden, hablamos de horarios. Hacernos un horario nos va a ayudar a darle a cada cosa un tiempo específico y concreto.

Muchas veces los buenos deseos e intenciones de, por ejemplo, leer un poco más, retomar las prácticas de guitarra o piano, salir a caminar, variar las comidas, hacer limpieza general, aprender unas poesías, empezar teatro o coro, verme con mis amigos, visitar a nuestros abuelos, ir a Misa todos los días, rezar el Rosario diariamente, aprender pintura, ir a Adoración en la semana, colaborar en alguna institución de caridad, enseñar inglés o dar clases de apoyo, hacer un curso de algo, en fin, muchas cosas que por no organizarnos terminan quedando en la nada.

Al tomar un calendario o una agenda y poner un día específico para eso que queremos y necesitamos hacer, lo bajamos a la realidad, y queda poner los medios para cumplirlo, para acatarlo. Pero es evidente que el paso previo, el hecho de pensar y cuestionarnos a qué le estamos dando nuestro tiempo es clave.

Puede ser que estemos desperdiciando este regalo precioso y tan preciado que es el presente, “el punto en que el tiempo coincide con la Eternidad”, dice C.S. Lewis (autor de las Crónicas de Narnia) en su libro Cartas del diablo a su sobrino. No nos permitamos eso, ¡pidamos la gracia para aprovechar y vivir al máximo el hoy, el ahora!

Buscar el orden, intentar que nuestros espacios sean armónicos, despejados, evitar el caos trabajándolo, tanto externo como interno, porque uno influye sobre el otro.

Y si no podemos hacernos un horario, por las razones que sean, al menos anotar cuánto tiempo queremos dedicarle a ciertas actividades al día siguiente (hacerlo en la noche y repasarlo por la mañana también ayuda mucho) o dejarlo listo el domingo para toda la semana, al menos como listado. Pero vayamos de a poco, no pretendiendo hacer más de lo que podemos. No olvidemos que es un proceso diario, y si no funciona una vez lo volvemos a intentar, ¡no nos desanimemos!

Con orden y tiempo se encuentra el secreto de hacerlo todo, y de hacerlo bien. Pitágoras

Por ejemplo: 2 horas para estudiar – 1 para limpiar – 30 minutos para leer – Santo Rosario – 1 hora para la oración personal – llamar a tal persona un rato – limpiar tal habitación, etc. No dedicamos una hora en específico (de 20:30 a 21:00) pero tratamos de terminar el día con provecho, y sabiendo en qué ocupamos el valiosísimo don del tiempo.

El orden nos motivará a seguir trabajando, con paciencia, a ir creciendo en todas nuestras dimensiones y a vivir más plenamente, hasta llegar a Casa, porque recordemos que esta vida es un paso, un navío, y no nuestra morada.

Por eso:

  • El lugar central en nuestro día démoslo a Dios y a nuestra Madre.
  • Veamos todo cuanto debamos hacer como oportunidad para santificarnos.

¡Ave María y adelante!

Guadalupe Araya

Publica desde octubre de 2020

"Si de verdad vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo a toda costa", decía el gran Chesterton. Pienso que a eso estamos llamados, a hacer el Bien hasta dar la vida si es necesario; a buscar la Verdad, que nos hace verdaderamente libres; y a manifestar la Belleza a nuestros hermanos, si primero nos hemos dejamos encontrar por esta. ¡No hay tiempo que perder! ¡Ave María y adelante! Argentina, enamorada de la naturaleza, el mate amargo y las guitarreadas. Psicóloga en potencia. La Fe, ser esclava de María, y mi familia, son mis mayores regalos.