Quizás sea esta una de las frases que dijo Jesús que más me ha llegado al corazón.

Pero, ¿sabes por qué? Porque mientras la sociedad nos obliga a ser “perfectitos” según sus cánones y no tolera el mínimo fallo, llega Jesús y nos da un mensaje increíble de amor y comprensión. De conocer nuestras imperfecciones y verlas no como una sombra que hay que intentar ocultar a toda costa, sino como una realidad en nosotros.

El que esté sin pecado, que tire la primera piedra. Juan 8,1-11

No me refiero a que seamos conscientes de que somos pecadores, y por esto seguir pecando y quedándonos en este estado de frialdad. (Sí, porque con el pecado se nos enfría el corazón y con él nuestro amor). Me refiero a conocer esta realidad y sanarla con Dios.

No sé cómo veréis vosotros a Jesús, yo le veo como el único líder al que vale la pena seguir verdaderamente. Que nos enseña verdaderamente qué es Amar, qué es la amistad, qué es el perdón. ¿Qué líder actual nos da un sentido auténtico de la vida?¿Quién nos da una mínima ESPERANZA para entender el sufrimiento, para saber sobrellevar todo aquello que nos pesa como una losa sobre nuestras espaldas? ¿Quién nos da un horizonte firme y verdadero que satisfaga y llene nuestra alma?

Que nos anima a seguir, a levantarnos cada vez que tropezamos, a saber que cada día es “un nuevo comienzo”; que nos tiende la mano siempre: esa mano cariñosa, dulce, comprensiva, acogedora, silenciosa… ¡Cada día hace que se ponga el sol para nosotros! Cada día nos muestra su Amor con detalles.

Es el único que olvida tus meteduras de pata en cuanto le pides perdón. Pero un perdón sincero que va directo a su corazón y Él te devuelve ese perdón, también, directo a tu corazón.

Mientras que la sociedad nos presiona a quedar bien con normas sobre lo “políticamente correcto”, con la exigencia de no fallar, Jesús nos dice que es en nuestras caídas y en nuestras miserias y limitaciones donde Él nos da la mano y nos salva. No tiene por qué ser desde la perfección. La perfección y la santidad son nuestras metas. Metas que alcanzaremos mientras más cerca estemos de Dios y a través de Él, también más cerca de los demás.

San Pablo nos dice:

Donde abundó el pecado sobreabundó la Gracia. Romanos 5,20 

¡Qué esperanzadora e inteligente frase! Con ella sentimos cómo Jesús nos dará la fuerza y Gracia suficiente para levantarnos cuando caemos por nuestros pecados, para restaurarnos una y otra vez.

Quiero que con este artículo dejéis de ver a Dios y a la Iglesia meramente como un conjunto de normas. Con una supuesta tendencia a la perfección que nos ahoga y que nos hace ver lejano el camino a Jesús. Me da una gran pena quien se sienta incapaz de pisar una Iglesia porque se vea pecador, quien no ve en ella una posibilidad de acercarse a Dios porque piensa que solo se pueden acercar a Él los “perfectos”. Y es precisamente lo contrario.

Es en la imperfección donde Dios realiza su obra, donde nos renueva, donde nos salva y ahí es donde nos va liberando del hombre viejo para hacer de nosotros hombres nuevos. 

¿Os sabéis la parábola del hijo pródigo? El padre hace un festín cuando su hijo regresa después de mucho tiempo. Y así hace Dios con nosotros. Ésta es la grandeza de su Amor. De querernos cuando estamos llenos de pecados.

Mira, hago nuevas todas las cosas. Apocalipsis 21,5

En la película de “La Pasión”, de Mel Gibson, Jesús le dice esta frase a su Madre cuando llevaba el peso de la cruz: de nuestros pecados. Si murió por nuestra salvación es porque es capaz de rescatar nuestra alma. Un médico le hace falta a aquellos que están enfermos, los que están sanos le necesitan menos. Entonces, ¿por qué nos seguimos empeñando en que Dios solo es para los que ya están convertidos, para los que no tienen pecados? 

Cuando entendamos que Él vino al mundo en un pesebre, hecho Niño, cuando entendamos Su humildad, el sufrimiento por el que pasó en la Pasión, que rescató a María Magdalena, mujer a la que querían apedrear por adúltera; nos acercaremos a Dios con nuestra vida, con nuestras pequeñeces y se las pondremos en sus manos. Porque Él vino al mundo para esto. Para sanar todas nuestras heridas.

No para establecer un camino estricto y lleno de restricciones, sino un camino hacia la verdadera felicidad, hacia la verdadera paz de nuestra alma. Nos marca el modo en el que nos sentiremos dignos, en el que veamos la vida con esperanza, con alegría. Porque Él conoce nuestro corazón por ser nuestro creador y nuestro Padre, y solo Él sabe cómo nos sentiremos plenos y llenos.

Todos podemos acercarnos a nuestra parroquia, al Sagrario y frente a Él contarle nuestras carencias, debilidades, sufrimientos, angustias… Solo Él sabe cómo llevárselas. Pidámosle que nos dé la Gracia suficiente para luchar y levantarnos cuando hemos caído por el pecado. Ten por seguro que la Gracia de Dios que nos dará para lograrlo es infinita.

Desde el pecado Dios nos salva, precisamente es por eso por lo que envió a Su Hijo: para redimirnos de todo mal.

Y siempre de la mano de Su Madre, nuestra Madre: María. Refugio de los pecadores, Ella nos ayudará a tener una conciencia delicada para amar a Cristo y a todos los hombres.

En este mes de mayo, pidámosle que nos ayude a acercarnos cada vez más a Su Hijo y a no alejarnos de Él. Todo lo que le pidamos a la Madre, llegará rápido al Hijo.

¿Quiénes si no ellos pueden ayudarnos a despojarnos de nuestras miserias y debilidades?

Beatriz Azañedo

Publica desde junio de 2019

Soy estudiante de humanidades y periodismo. Me gusta mucho el arte, la naturaleza y la filosofía, donde tenemos la libertad de ser nosotros mismos. Procuro tener a Jesús en mi día a día y transmitírselo a los demás. Disfruto de la buena compañía.