A veces, querer tirar la toalla y dar todo por perdido por las circunstancias puede parecer la mejor opción. Y no solo en circunstancias adversas a lo que esperamos, sino también en la abundancia y la prosperidad. ¿Por qué?

Desde el principio, Dios siempre nos ha pedido una cosa: fe. Pero esta fe solo puede mantenerse cuando realmente somos fieles a Su Palabra y a Su Voluntad. Aunque a veces me cuesta creerlo, incluso en la abundancia, la fidelidad que le podamos ofrecer a Dios para mantenernos firmes y seguirlo, se reduce a una pequeña chispa que no puede encender la llama de la fe en nuestros corazones.Hoy en día, vivimos en un mundo en donde la fidelidad se devalúa con cada minuto que pasa. Y si esto es en términos generales… ¿cómo están realmente la fidelidad y el amor a Dios en el mundo en el que vivimos?

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Marcos 12, 30

Si me preguntaran de dónde surge la fidelidad, respondería que desde el amor. El amor, como principal causa y efecto del querer ser fieles. Si no, ¿por qué Dios sería tan fiel a nosotros, si no es por la belleza de su amor desbordante por nosotros?

Cuando comenzamos a amar, encontramos el sentido de por qué queremos ser fieles. Y es porque deseamos y anhelamos la felicidad de aquel a quien amamos; por ello buscamos que nuestras acciones sean totalmente de su agrado y esto lo basamos en los deseos y gustos positivos de esa persona. Por ende, ser fieles a Jesús, que es el mismo Dios uno y trino, es fruto de amarlo, y por consiguiente, hacer su voluntad y ser seguidores de su palabra. Pero, ¿cómo ser fieles cuando el mundo y el círculo de personas que nos rodea están alejados de Él y su palabra?

Porque vendrá el tiempo en que los hombres no soportarán la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de multitud de maestros y recibirán palabras halagadoras, apartarán sus oídos de la verdad y los desviarán hacia las fábulas. Tú, sin embargo, procura ser siempre prudente, soporta el sufrimiento, predica el Evangelio y dedícate plenamente a tu ministerio. 2 Timoteo, 3-5

En el día a día, puede que recibas todo tipo de comentarios referentes a dejar tu fe por las personas de tu trabajo, “amistades” que están alejadas de Dios, creyentes pero no practicantes. Y puede ser tanto por el sufrimiento o la adversidad, hasta incluso por la abundancia, la buena vida y el éxito.

Y te preguntarás: “¿Qué hago? ¿Debo seguirles? ¿Debo creerles?”. Y estará bien que te hagas todas esas preguntas, pues es parte de la fe llegar a dudar para luego fortalecerla.

Será entonces cuando vendrán a tu mente con todo su esplendor todas las maravillas y buenas obras que Dios ha hecho en tu vida, aun cuando te sentiste indigno de ellas. Verás con claridad la belleza de su amor y la inmensidad de su misericordia obrando en tu vida día a día, y te sentirás dichoso por ello.

Porque, al final, no estás solo en este mundo en el que habitamos pero del que no somos parte. Sino que verás que muchos te acompañamos y te apoyaremos en la decisión de ser fiel a Dios y seguirle, de no temer ser juzgado por obrar según su palabra y amar a los que te persiguen, de obrar el bien sin esperar una recompensa, de no anhelar bienes materiales más allá de lo necesario y esencial; porque sabrás que, siendo fiel, su amor te basta.

Te darás cuenta de que, aunque no sea fácil morir a las cosas terrenales, valdrá la pena el sacrificio para poder deleitarte en la belleza de la fidelidad a Jesús; porque, tengamos mucho o no tengamos nada, la ganancia es su amor y la vida eterna. Porque en la fidelidad encontrarás la bendición y la dicha de poder sentirte pleno y feliz de amar con libertad a aquel que te amó primero, y verás que también puedes amar a los demás con la misma libertad con la que Dios te ama.

Seguirte por encima de todas la cosas

Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia. Filipenses 1, 21

Y, si sientes que es difícil mantenerte fiel, solo observa a tu alrededor y en torno a la Iglesia, lo difícil que fue para otros, pero no imposible. Y qué mejor ejemplo de fidelidad que el de la Virgen María hasta el pie de la Cruz.

En este mes dedicado a la Palabra de Dios, encuentra en las Sagradas Escrituras ese impulso para ser fiel en cualquier circunstancia, porque es allí, en su palabra, donde está la esencia de la fidelidad.

César Retana

Publica desde septiembre de 2019

Canto para Dios por vocación y soy diseñador egresado por hobbie. Tengo 26 años y 18 siguiendo a Jesús. Me gusta compartir el amor que Dios me tiene con los que me rodean. Soy salesiano y me gusta sonreír.