En nuestra vida como fieles cristianos, y más exactamente en nuestra vida de oración con Dios, el silencio puede parecernos preocupante. Esto no significa que lo sea, y digo preocupante en el sentido de que como seres humanos, estamos acostumbrados a que lo que queremos nos sea dado de inmediato. Esto no debería ser así, ni en nuestra vida personal, ni mucho menos en nuestra vida de oración. Con lo anterior, quiero decir que en diferentes momentos de nuestra vida de oración, no hay respuesta por parte de Dios… sin embargo no significa que no la vaya a haber, ni tampoco significa que no nos esté escuchando, pues Dios no nos deja en buzón de espera ni mucho menos nos deja en visto.

Dios no tiene que hacer silencio para mostrar que está obrando a tu favor. El silencio es otro de sus lenguajes.

DANIEL HABIF

El silencio es sinónimo de trabajo, y esto lo podemos ver y confirmar en diferentes momentos de nuestra vida como personas. Recordemos cuando nos encontrábamos en la escuela, y el docente a cargo de la clase nos proponía desarrollar una actividad o trabajo. Este pronunciaba esa frase típica de todo docente de escuela: Trabajen en silencio. Tal vez lo decía porque en silencio nos podemos concentrar más, y nuestro trabajo puede ser más fructífero, o tal vez porque en el silencio podemos descubrir la belleza de la vida. Cuando en medio de la oración sentimos un silencio infinito, el silencio infinito de Dios, no significa que no esté obrando a nuestro favor, sino que, por el contrario, se encuentra trabajando sin descanso para darnos, no la respuesta que esperamos, sino la respuesta adecuada. Muy bien sabemos que sus planes son perfectos, y mucho mejor que los nuestros, y con ellos podremos descubrir la verdadera belleza que alberga la vida sin darnos cuenta antes de que la tenía ,y no la habíamos descubierto por el hecho de andar sumergidos en la impaciencia y en la desesperanza.

Dios es el gran silencio del infinito. El mundo todo habla de Él y para Él nada de lo que se diga lo representa tan bien como su silencio y su calma eterna.

ELIPHAS LÉVI

Es en el silencio infinito de Dios en donde podemos acudir al Espíritu Santo, y pedirle que nos otorgue el fruto de la paciencia y de la confianza, para saber esperar y confiar en Dios, en estos momentos donde parece que no recibimos respuesta alguna de Él. Deberíamos saber que no es así, y que poniendo todo en sus manos las cosas saldrán totalmente bien, pues sus planes nunca fallan. Éstos siempre terminan siendo mejores que los que nosotros ya habíamos planeado, y de seguro en un futuro se hubieran derrumbado.

No pierdan, pues, su confianza, que tiene una gran recompensa.

HEBREOS 10, 35

Para finalizar, queridos hermanos y hermanas, los invito a no desesperar, sino todo lo contrario, a mantener la calma, creer y confiar en que el Señor nos está escuchando. Así lo es, y tarde o temprano, esa respuesta a nuestra oración que llevamos esperando desde hace ya mucho tiempo, llegará tarde o temprano para cambiarnos la vida, y poder así ver el mundo con la belleza que su Creador le ha dado.

John Sergio Reyes León

Publica desde julio de 2020

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