La devoción a Nuestra Señora del Monte Carmelo siempre ha estado presente en mi familia, y por ello he tenido la dicha de sentirla como una madre cercana. Mi padre llevó, hasta su último día, el Escapulario marrón, y en cierta forma me dio tranquilidad verlo partir a la casa del Padre de la mano de su tan amada Virgen del Carmen.

Mi madre lo sigue llevando como prenda de amor y confianza a la Santísima Madre de Dios. Así, el 16 de julio siempre será para nosotros una fecha importante, por los múltiples favores que hemos recibido a través de la intercesión de la Reina del Cielo.

El Monte Carmelo es una cordillera ubicada en Israel. De acuerdo con la tradición, fue en este lugar, en el año 1251, donde la Santa Madre de Dios se apareció y dio el Escapulario a San Simón Stock. No obstante, el Escapulario original era muy diferente al que conocemos hoy en día; se constituía en una pieza de cuerpo entero que era parte del hábito carmelita. Con el tiempo la prenda se fue adaptando a los cambios de la sociedad, hasta llegar a como lo conocemos en la actualidad.

Tú y todos los Carmelitas tendréis el privilegio, que quien muera con él no padecerá el fuego eterno. Nuestra Señora del Monte Carmelo a San Simón Stock

El Escapulario de la Virgen del Carmen es un sacramental. Los sacramentales son  definidos en el numeral 1667 del Catecismo como “…signos sagrados con los que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida”, en resumidas cuentas, un sacramental expresa la belleza de la práctica de la fe de manera externa.

El Escapulario de los carmelitas trae implícito el privilegio sabatino para quien lo vista, el cual consiste en que Nuestra Señora sacará del purgatorio el alma de quien muera portándolo, cuanto antes, especialmente el día sábado siguiente a la muerte:

Quiero que anuncies a los Carmelitas y a sus Cofrades: los que lleven puesto el Escapulario, guarden castidad conforme con su estado, y recen el oficio divino, – o los que no sepan leer se abstengan de comer carne los miércoles y sábados -, si van al purgatorio Yo haré que cuanto antes, especialmente el sábado siguiente a su muerte sean trasladadas sus almas al cielo. Nuestra Señora del Carmen al Cardenal Jacques Duèze

No obstante, persiste la creencia equivocada de que el solo uso del Escapulario es garantía de salvación, lo que limita a este sacramental a ser percibido como un amuleto u objeto de superstición, algo que es totalmente contrario a la fe católica.

El uso de sacramentales debe llevarnos a una coherencia de vida, y dicha coherencia reside en que seamos interiormente lo que representamos exteriormente, porque sino nuestra devoción será estéril. La belleza del sacramental, en este caso el Escapulario, debe recordarnos que estamos llamados a imitar la santidad de lo que representa: a quien se le ha impuesto el Escapulario ha aceptado como modelo a la Santísima Virgen María.  

Llevar el Escapulario, antes que por ansiar una promesa, interpela al creyente al ejercicio de las virtudes cristianas. El Escapulario surtirá efectos en el alma de su portador, en la medida en que este no se aparte de la vida sacramental, pues el propósito de la Santísima Virgen María siempre será que permanezcamos cerca a su Hijo Jesús.

El auténtico devoto de Nuestra Señora del Monte Carmelo no necesita promesas para llevar siempre el Escapulario, más lo lleva por amor a la Madre; pues las promesas vendrán por añadidura para aquellos que permanecen fieles en la belleza de la fe, la esperanza y la caridad.

Nuestra Señora del Monte Carmelo patrona de los conductores, los marineros y las fuerzas armadas, sea nuestra guía por excelencia en el camino que nos lleva a la Patria Celestial. Flor del Carmelo, viña florida, esplendor del Cielo, Virgen fecunda ¡Oh madre tierna! Intacta de hombre, a los carmelitas proteja tu nombre, estrella del mar.

María Paola Bertel

Publica desde mayo de 2019

Investigadora social en formación, pero lo más importante: soy un alma militante, aspirando a ser triunfante. Me apasiona escribir lo que Dios le dicta a mi corazón. Aprendí a amar en clave franciscana. Toda de José, como lo fue Jesús y María.