Es interesante pensar y reflexionar una porción del Evangelio, que es Palabra Viva, y que cala hondo en el corazón, en cada corazón de maneras inimaginables y de la cual brotan palabras de Vida Eterna, palabras de un Amor ardiente y viviente.

Cuando leí el pasaje de Mt 25, 31-46 recordaba el año 2015, año donde Francisco llama por medio de una bula al Año de la Misericordia, e inicia la misma diciendo:

Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra. Ella se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret. Misericordiae Vultus nº1

El pastor (v.32) se ha convertido en rey (v.34), mejor dicho el pastor es rey, al mismo tiempo que el Rey es un Pastor, y este pastor-rey imparte la bendición del Padre a quienes lo han socorrido en forma de obras de misericordia: comida, bebida, recepción, ropa, cuidado y visita. Estas obras son las llamadas “obras de misericordia corporales”.

Debemos considerar a estas obras de misericordia como ilustraciones, ya que cada uno de estos actos de misericordia sirve a una necesidad específica de la persona en aprietos. De la misma manera hay que entender que las posibilidades de la misericordia son ilimitadas, al igual que la necesidad no tiene límites.

Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado. Misericordiae Vultus nº2

Noten la mismísima naturaleza de estas seis obras de misericordia: comida, bebida, bienvenida, ropa, cuidado y visita. Toda persona tiene el potencial de proveer este tipo de misericordia. El tipo de actos de misericordia que Jesús recompensa aquí están al alcance de toda persona. Éstas no requieren dolorosos sacrificios por parte de quien provee la misericordia, pero sí alivian un gran dolor para quien recibe la misericordia. El Rey-Pastor invita a estas ovejas misericordiosas a heredar el reino de los cielos que está preparado para ellos desde la fundación del mundo (cf.v.34); y una herencia es un legado que se imparte por la última voluntad y testamento, e implica un regalo no ganado. El hecho de que este reino ha sido preparado para este propósito desde la fundación del mundo, muestra que Dios ha planeado este momento desde el principio, porque Dios no deja ningún detalle al azar.

Entonces el Rey dirá á los que estarán á su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui huésped, y me recogisteis; Desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis á mí. Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿Ó sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos huésped, y te recogimos? ¿Ó desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, ó en la cárcel, y vinimos á ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis á uno de estos mis hermanos pequeñitos, á mí lo hicisteis. Mt 25,34-40


Vuelvo al inicio, cuando dije que es muy profunda la Palabra y cala hondo en el corazón, ya que sirviendo al prójimo servimos a Jesús sin pensarlo, sin imaginarlo y sin saberlo. Debemos obrar con la mira fija en Jesús, ya que Su persona no es más que amor, y el amor se dona gratuitamente, y en esta donación gratuita se revela Su naturaleza: “Dios es amor” (1 Jn 4,8.16), y este mismo Amor es el motor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Francisco explica que “la misericordia en la Sagrada Escritura es la palabra clave para indicar el actuar de Dios hacia nosotros. Él no se limita a afirmar su amor, sino que lo hace visible y tangible. El amor, después de todo, nunca podrá ser una palabra abstracta. Por su misma naturaleza es vida concreta: intenciones, actitudes, comportamientos que se verifican en el vivir cotidiano. La misericordia de Dios es su responsabilidad por nosotros. Él se siente responsable, es decir, desea nuestro bien y quiere vernos felices, colmados de alegría y serenos. Es sobre esta misma amplitud de onda que se debe orientar el amor misericordioso de los cristianos. Como ama el Padre, así aman los hijos. Como Él es misericordioso, así estamos nosotros llamados a ser misericordiosos los unos con los otros” (MV nº9).

Jesús dice:

Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia. Mt 5,7

Es momento de decidir si quiero ser la oveja para estar a la diestra y ser favorecido por el Rey, lo cual implica tener la mirada fija en Jesús, o si por el contrario, quiero ser los cabritos que están a su izquierda, que son los menos favorecidos.

Querido lector, así como dice San Pablo “vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia” (Col 3, 12), porque, continuando con lo dicho por Pablo, si “ no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe” (1 Cor 13, 1), y “sin amor, nada soy” (1Cor 13, 2). “Somos embajadores de Cristo” (2 Cor 5,20), llamados por Él mismo para ser testigos de Misericordia.

Gabriel M. Acuña

Publica desde marzo de 2020

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Argentino. Estudiante de Psicología. Diplomado en liderazgo. Miembro de Fasta. Consigna de vida: "Me basta Tu gracia" (2 Cor 12, 9). Mi fiel amigo: el mate amargo. Cada tanto me gusta reflexionar y escribir, siempre acompañado del fiel amigo. ¡Totus Tuus!