¿Qué pasaría si miráramos el mundo con los ojos de un enamorado? De alguien que acaba de descubrir el secreto de la vida, de la felicidad… Qué pasaría si mirásemos el mundo como si de repente encontramos una flor en el asfalto… ¿Qué pasaría si mirásemos la vida como si acabáramos de llegar? Todo nos asombraría, todo tocaría nuestra alma inquieta. Y nos preguntaríamos, y buscaríamos. Porque, qué es la vida sin buscar, sin cuestionarse. ¿Por qué no miramos la vida con los ojos de un enamorado? Hay un canción de un grupo de música que me gusta bastante, y en una frase dice: aquel verano en el que estuve enamorado, hasta las gaviotas me parecían fascinantes.

¡Hasta las gaviotas! Si mirase la vida de esta forma, todo me parecería grandioso. Una mirada, una mariposa… Hasta llegar a niveles más altos: las personas que nos rodean, mi trabajo, mi casa, mi vida.

Quiero ver la vida como un niño mira por primera vez el mar. Le parecerá algo tan grandioso, de una belleza tan sublime… que no podrá apartar su mirada. Como cuando la belleza de un cuadro nos hipnotiza, y perdemos la noción del tiempo.

Yo tampoco quiero apartar la mirada de esta vida, del milagro que es que poder formar parte de ella. Si tuviera la mirada de un enamorado, no haría daño, no tendría envidias. Cuando asumamos que Dios ha querido que otras personas tengan ciertas aptitudes y carismas para así llevar a cabo la misión que Él quiere para esa persona, la envidia no formará parte de nuestra vida.

Aunque me cueste y no sea fácil, quiero mirar la vida como el enamorado mira a su enamorada: con admiración, con delicadeza, con pasión.

Con estas palabras no me pretendo dirigir solo a las parejas que están enamoradas, espero que no estéis entendiendo esto, es una llamada a todas las personas, porque no es necesario tener pareja para estar enamorado.

Enamorado de la vida, de la amistad, de la familia, de lo que estudiamos/trabajamos, de nuestros hobbies, de la música, del arte, de la naturaleza, de toda la belleza que hay a nuestro alrededor.

Pero la vida no está meramente para que seamos unos espectadores que la ven desde fuera y se limitan a contemplar. La vida nos exige una respuesta, nos exige que nos planteemos los porqués, nos exige que vayamos a nuestras inquietudes o preguntas más internas y las saquemos a la luz. Y así pasaremos de ser unos espectadores a ser los protagonistas de nuestra vida, que han tomado una dirección y saben a dónde van.

Como dice Franco Nembrini en su ensayo sobre la Divina Comedia:

No es cierto que todo dé lo mismo: la libertad se mueve eligiendo un camino, decidiendo pertenecer a algo o a alguien. Cómo destruye la vida no decidir de qué lado se está, de quién se es, a quién se pertenece.

Porque aunque haya días en los que esto cueste, tenemos la certeza de que formamos parte de un Plan que supera nuestras expectativas. De que Alguien nos va a garantizar una Vida de acuerdo a la ley de nuestro corazón: a la ley que nos hace felices. Pero solo si dejamos que ese Alguien nos acompañe en nuestro camino.

Si estuviéramos enamorados, si el amor fuera el motor de nuestra vida, el pilar donde todo se fundamentara, apuntaríamos alto. Nuestra mirada estaría siempre puesta en el Cielo. Y si nuestro corazón habitara en tan alto lugar, solo querríamos cumplir aquellos deseos que nos hacen ser dignos, que nos hacen ser grandes porque los ha puesto Dios.

Vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta a las cuestiones que la existencia nos plantea, cumplir con las obligaciones que la vida nos asigna a cada uno en cada instante particular. Pensemos en lo que la existencia nos reclama continuamente. “El hombre en busca de sentido” Viktor Frankl, psiquiatra y filósofo austriaco que estuvo 3 años recluido en Auschwitz 

Vivir la vida al nivel de las exigencias de nuestra alma es atreverse a vivir verdaderamente y con plenitud. Y esto nos hace ser felices, nos hace darnos cuenta que nuestra alma está diseñada para desear el Infinito: todo lo que nos lleve a Dios.

Jesús nos dice:

Por tanto, sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto. Mt 5, 48

Por ejemplo ¿por qué vamos a elegir un menú de comida rápida, que aunque lo disfrutemos, sabemos que a largo plazo nos sentará mal para nuestra salud, cuando podemos elegir el plato de paella que acaba de cocinar nuestra madre?.

Si hemos sido creados para la calidad, para lo verdadero, para lo Bello, no nos quedemos con lo mediocre, con decisiones que nos hacen pequeños y que rebajan nuestra dignidad de Hijos de Dios.

¿Te atreves a vivir enamorado?

Beatriz Azañedo

Publica desde marzo de 2019

Soy estudiante de humanidades y periodismo. Me gusta mucho el arte, la naturaleza y la filosofía, donde tenemos la libertad de ser nosotros mismos. Procuro tener a Jesús en mi día a día y transmitírselo a los demás. Disfruto de la buena compañía.