De pequeño, mi madre me inculcó confiar siempre en la protección y en el cuidado de mi ángel de la guarda. Recuerdo que incluso, a mi hermana y a mi, nos colocó en cada habitación un cuadro del Ángel de la Guarda cuidando a un bebé, un cuadro que a la fecha, conservo en las mejores condiciones.

Sin embargo, con el tiempo, es una enseñanza que, o la dejamos en segundo plano, o la olvidamos por completo. Siendo muy sincero, en mi experiencia personal, es un tema que pasó a segundo plano, porque comencé a pensar que era menos relevante, pues creía que el ángel custodio, solo estaba más pendiente de mi cuidado cuando era un niño.

Pero no es así. El Catecismo de la Iglesia Católica, nos enseña que desde el momento de nuestra concepción, hasta el paso a la otra vida, estamos rodeados de la custodia de un Ángel, y así mismo de su intercesión ante la belleza y la grandeza del Padre.

Nadie podrá negar que cada fiel tiene a su lado un Ángel como protector y pastor para conducir su vida. San Basilio Magno

Quizás el problema, es que caemos sin pensarlo, en la autosuficiencia, la cual, es la causa de nuestro alejamiento en la oración y con Dios, pues tendemos a creer que por nuestra propia cuenta podemos hacerlo todo.

¿Pero cuantas veces hemos sido conscientes de que realmente, al igual que la misericordia y el amor del Padre se mantienen firmes siempre, también el cuidado que nos da nuestro ángel, es igual de perenne?

Aún cuando a causa de nuestras decisiones nos alejamos de la gracia divina de Dios, su misericordia nos permite seguir en un camino en el cuál, busca que encontremos su amor eterno y seamos felices. Es por ello que de la misma manera, nuestro ángel de la guarda siempre se mantienen en una oración incesante, protegiéndonos de todo peligro, y tratando de guiarnos por el buen camino, advirtiéndonos sobre el pecado.

Muchas veces tendemos a confundir que quien “nos habla”, es nuestra propia consciencia para hacernos saber que algo no está bien, o que corremos peligro. Pero esa “voz” que sentimos dentro de nuestro ser, es la guía de aquel custodio a quien Dios confió nuestro cuidado.  Pero por encima de todas las cosas, su misión es guiarnos hasta la belleza de la presencia de Cristo Jesús.

Yo voy a enviar un Ángel delante de ti, para que te proteja en el camino y te conduzca hasta el lugar que te he preparado. Respétalo y escucha su voz. Éxodo 23, 20-21

Pero nuestro ángel custodio no está allí solo para hacer mera presencia de la que somos casi inconscientes. Además de ser nuestro custodio, también está allí para escucharnos.

¿Te has sentido solo? Yo sí. Y hubo un momento en plena soledad, en donde sin explicación alguna, más que el obrar de Dios, mi mente fue recordando que, en medio de mi soledad, también estaba un ángel a quien también podía considerarlo mi amigo, pues me había visto tanto en mis alegrías, como en el dolor y en mi tristeza.

Dios, en su inmensa misericordia, ha puesto a cada ángel a nuestro lado, para que, aún cuando no somos capaces de reconocer que Él, como Dios, está siempre con nosotros, nuestro ángel si lo está. Nos escucha y nos consuela en esos momentos en donde nuestro corazón no encuentra refugio. Toma nuestras lagrimas, nuestras intenciones, y como mensajero fiel al Padre, las lleva a su presencia.

…ellos, los que nos guardan en nuestros caminos, no pueden ser vencidos ni engañados, y menos aún pueden engañarnos. Son fieles, son prudentes, son poderosos: ¿por qué espantarnos? Basta con que los sigamos, con que estemos unidos a ellos, y viviremos así a la sombra del Omnipotente. San Bernardo Abad

No es que debamos asustarnos o temerles porque nos observan y nos acompañan en todo momento, sino por el contrario, es de sentirnos confiados y seguros en que bajo la diestra amorosa y misericordiosa del Padre Celestial, se encuentra tu Ángel Custodio y el mío para protegernos e interceder por nosotros en todo momento.

No dudemos en acudir a ellos en cualquier momento, aún cuando sean tiempos de gozo y de paz, no solo en tribulaciones. Pues podría afirmar, desde mi apreciación personal, que cada vez que acudimos a ellos, independientemente de la circunstancias, su sonrisa es plena, pues, saben que lo hacemos para sentirnos más cerca de la presencia de Dios.

César Retana

Publica desde septiembre de 2019

Salesiano desde la cuna. Le canto a Dios por vocación y por amor. Soy Licenciado en Diseño Gráfico, tengo 27 años, y 20 de ellos en el caminar espiritual con la Iglesia. Me gusta el café bien cargado y los libros.