Tantas luchas ha encarado el hombre en nombre de la libertad, especialmente en los tiempos modernos, que parece que entre más libre es, más esclavo se vuelve. Es cierto, el significado de la palabra libertad se ha alterado con el paso del tiempo, ha mutado al son de los intereses del momento, se ha convertido en un constructo social de ideologías y no de realidades. La libertad que nos ofrece el mundo es espuria, pues es ante todo libertinaje.

Cómodamente podemos decir que el librepensamiento es la mejor de las salvaguardias contra la libertad. Administrado según el estilo moderno, la emancipación de la mente del esclavo, sería el mejor camino para evitar que el esclavo se emancipara. G. K. Chesterton, Ortodoxia

El ser humano ha comprendido la libertad como el derecho que se tiene de hacer lo que yo quiera, sin tener en consideración al otro, y en esa búsqueda afanosa se pretende encontrar la tan anhelada felicidad, saciar las propias apetencias, sin mirar al semejante, al hermano. No obstante, no se puede ser verdaderamente libre cuando la felicidad se concibe como algo dependiente de los deseos de la carne, de lo material o de lo pasajero.

En una de sus homilías en el Seminario Mayor de Roma en el año 2009, el Papa Emérito Benedicto XVI explicaba, basándose en la carta de san Pablo a los Gálatas capítulo 5, que la verdadera libertad no puede ser producto de la “absolutización del yo”:

Para Pablo la carne es expresión de la absolutización del yo, del yo que quiere serlo todo y tomarlo todo para sí. El yo absoluto, que no depende de nada ni de nadie, parece poseer realmente, en definitiva, la libertad. Soy libre si no dependo de nadie, si puedo hacer todo lo que quiero… No hay libertad contra el otro. Si yo me absolutizo me convierto en enemigo del otro, ya no podemos convivir más sobre la tierra y toda la vida se convierte en crueldad, en fracaso. Benedicto XVI, Homilía en el Seminario Mayor de Roma, 20 de febrero del 2009  

Entonces, la auténtica libertad no debe ser vista como una confrontación de intereses personales, su belleza reside en servirse los unos a los otros por amor (cfr. Gálatas 5, 13).

Me parece indicado presentar la vida de san Agustín como un ejemplo claro de lo que puede hacer de nosotros el indebido y a la vez el debido uso de la libertad. Agustín, quien en la búsqueda de la verdad se extravió en el ejercicio de su libertad en sus años juveniles, nunca encontró en las nuevas filosofías de su época el gozo del espíritu que tanto anhelaba; por el contrario, se vio cada vez más desviado de su propósito. A los 31 años de edad aproximadamente, Agustín se convierte al cristianismo, encontrando así su libertad.

Para san Agustín, el libre albedrío es un don otorgado por Dios al hombre, para que a través de él obre rectamente; este libre albedrío solo se convierte en libertad por medio de la gracia, ya que la libertad plena implica orientar la voluntad hacia el bien. Para ello es necesaria la gracia, pues esta orientación al bien se logra en la medida en que la persona se reconoce bajo el amor de su Creador, Quien lo hace todo posible.

Si el hombre careciese del libre albedrío de la voluntad, ¿cómo podría darse aquel bien que sublima a la misma justicia, y que consiste en condenar los pecados y en premiar las buenas acciones? Porque no sería ni pecado ni obra buena lo que se hiciera sin voluntad libre. Y, por lo mismo, si el hombre no estuviera dotado de voluntad libre, sería injusto el castigo e injusto sería también el premio. Mas por necesidad ha debido haber justicia, así en castigar como en premiar, porque este es uno de los bienes que proceden de Dios. Luego era preciso que Dios dotara al hombre de libre albedrío. San Agustín de Hipona, Del libre albedrío

Frente a nosotros siempre tendremos dos caminos: el estrecho y el amplio (cfr. Mateo 7, 13-14). La vida de fe nos insta a escoger el camino estrecho, el camino del amor y del servicio, diferente a lo que nos ofrece el mundo. Nuestra libertad debe ser en todo momento instrumento que nos lleve a la santificación, pues solo mediante el cumplimiento pleno de la voluntad de Dios en nuestras vidas obtendremos el gozo de vivir en libertad, a semejanza de tantas almas triunfantes que cautivadas por la belleza del plan de Dios han alcanzado la gloria.

La oración es elemento fundamental en el uso pleno de la libertad, pues ayuda a discernir y escuchar lo que Dios quiere para nosotros. Como María, que siendo totalmente libre se hizo esclava del amor.

El ritmo de la vida cotidiana nos hace apartar la vista tantas veces de la auténtica belleza de la libertad; se nos olvida que como hijos de Dios hemos sido liberados del antiguo yugo por amor y que como cristianos estamos llamados a vivir desde el servicio, no exclusivamente de aquel que piensa como yo, sino también del diferente, del que se declara mi enemigo. Que nuestra vida sea la prueba de que solo en Cristo hay libertad y que el Espíritu Santo nos guíe, iluminando nuestras decisiones, como lo hizo con la Santísima Madre de Nuestro Señor.

María Paola Bertel

Publica desde mayo de 2019

Investigadora social en formación y misionera católica, llamada a servir por amor. Me apasiona escribir lo que Dios le dicta a mi corazón. Aprendí a amar en clave franciscana. ¡A Jesús por María!