Existe entre los hombres un don sumamente bueno, al que no renunciaríamos ni por todas las riquezas de la tierra; es un don anhelado y gozado universalmente: la amistad.

El tiempo, la confianza, el trato, la igualdad, la virtud, el fin; son cosas de las que se habla en torno a la amistad, y me gustaría en estas breves líneas ampararlas bajo lo que es la intimidad del alma.

Dios ha hecho al hombre capaz de conocerse, poseerse y darse libremente al otro con el fin de llevar a cumplimiento la difusión del Bien y la Verdad.

Poder entrar en comunión con otras personas no es un pacto social, cómo la filosofía moderna suele esbozar, ni es un acuerdo para recibir beneficios mutuos, ni siquiera es solo el hecho emocional de que los amigos tengan aficiones similares.

Es algo propio de la naturaleza finita del hombre, en la que la amistad ayuda a dirigirse a la plenitud del ser, partiendo de la unión de dos intimidades.

En realidad, la amistad es ardua y, me atrevería a decir, hostil, en el mundo de hoy en día.

Uno de los problemas de nuestros tiempos es la incapacidad de lidiar con nuestra propia intimidad. ¿Cómo vamos a tener entonces amistades profundas si no soportamos ni estar a solas con nuestros propios pensamientos?

Cuesta estar solo y querernos, requiere fuerza y confianza en Dios, pues caemos fácilmente en la desesperanza al darnos cuenta de lo pecadores que somos, de lo frágil que es nuestra voluntad y nuestra acción en el mundo.

Hacer memoria de la intimidad de uno mismo es necesario, ver con humildad los fallos, las gracias, la mirada con la que enfrentas la vida, tus ilusiones… Si no, ¿qué le vas a contar a tu amigo?

Realmente sería un buen ejercicio pensar en como vives con tus amigos. ¿Te aprovechas de ellos? ¿Dios a qué grupo de amigos quiere que te pegues? ¿Cuando das consejo, es con intención de iluminar y mostrar la Verdad o buscas simplemente deslumbrar con tu conocimiento? ¿Eres consciente de que la intimidad del otro merece una fidelidad?

En estos tiempos parece que nos balanceamos entre el exhibicionismo de blogs en Internet donde gente desconocida que cuenta intimidades desgarradoras y por otro lado ves las amistades en peligro de estancarse porque uno de los dos se cierra, por seguridad. También esto tiene que ver con la Confesión y la Dirección Espiritual; el miedo a perder la intimidad.

El amigo que nunca fallará es Dios, el resto, ten por seguro que son pecadores igual que tú.

Amar implica sufrir, y es un regalo. La intimidad confiada a otra intimidad conlleva quedar expuesta, que nuestra zona de conforto se quiebre porque sientes la imperante necesidad de que el amor se comunique, a pesar del sufrimiento que puedas sufrir.

El amistad se despierta al reconocer en alguien una grandeza. Aparece en tu vida de repente, sin planearlo.

De repente siente el deseo de “eso” bueno que el otro parece tener. Con el tiempo no solo es un deseo de disfrutar de lo bueno, de lo mucho que sabe de cine, de música, de fútbol, lo bien que lo pasamos juntos.

Empiezas a tenerle verdadero cariño, ya no solo te importa por lo que te aporta sino por lo que construis juntos. Si es una amistad verdadera acaba respetando la total libertad y autonomía del amigo.

No podemos querer a un amigo simplemente para consolarnos, ser plenos, porque nunca podríamos; nadie imperfecto puede colmar a otro, pero sí pueden ser camino de perfeccionamiento el uno para el otro.

Es por eso que la mayoría de divorcios ocurren en los primeros años, cuando se descubre que el otro no te da todo lo que esperas, ni te llena.

No es la falta de amor sino la falta de amistad la que rompe matrimonios.

Un buen amigo es aquel que me lleva al Amigo por excelencia, pero no porque el otro sea ejemplo de santidad; puede no ser católico pero ser un buen amigo, pues la amistad auténtica permite poder caminar juntos en la búsqueda de la felicidad y el sentido.

Esto es algo evidente, todos tenemos experiencia de grandes relaciones en las que quizás Dios no está de manera visible, pero sí se refleja en la intimidad de la conversación.

En el momento de pensar en como acompañar al otro, a quien quieres de corazón, hay una presencia sobrenatural de la Verdad y el Bien, huella de Dios.

Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. Juan 15:15

No debemos olvidar, como hemos dicho antes, que Jesús es amigo, que en el Calvario dejó que su Sagrado Corazón fuera traspasado por nosotros, para entrarnos en su intimidad.

Es Él mismo quien gracias al misterio de la encarnación, nos eleva de siervos a la categoría de amigos.

La oración es tratar de amistad con aquel con quien sabemos nos ama. Santa Teresa de Ávila

A pesar del riesgo, la amistad siempre vale la pena; siempre.
Los que lo tienen, saben el valor de ese don. Y saben que debe sostenerse en la oración, hablarle a Dios de tus amigos para poder hablar con los amigos de Dios.

G. Belmonte

Publica desde marzo de 2019

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De mayor quiero ser juglar, para contar historias, declamar poemas épicos, cantar en las plazas, vivir aventuras... Era broma, solo soy aspirante a directora de cine, mientas estudio Humanidades y disfruto con todo aquello que me lleva Dios.