Un acto profundamente personal y libre: tener fe. Y si queremos entender qué es, San Pablo nos lo explica:

La Fe es el fundamento de lo que se espera y la certeza de lo que no se ve. Hebreos 11,1

Pero aun siendo un acto personal y libre, la fe no nace por simple casualidad o mera coincidencia. La fe es un don que Dios nos regala a través de nuestro bautizo, una virtud que nos permite ver la belleza de la entrega total a la voluntad, el amor y la misericordia de Dios.

Y no solo tenemos la dicha de recibir este regalo al momento del bautizo como hijos de Dios y de la madre Iglesia, sino también de poder pedirlo al Padre por quien todo fue hecho, pues nos ayuda a reforzar el lazo que nos une Él y nos dignifica como hijos suyos.

Nadie puede creer solo, como nadie puede vivir solo. Nadie se ha dado la fe a sí mismo, como nadie se ha dado la vida a sí mismo. El creyente ha recibido la fe de otro, debe transmitirla a otro. Catecismo de la Iglesia Católica, 166

Nuestra fe se alimenta y aviva de oír la Palabra de Dios y de escuchar su voz plenamente a través de la proclamación del Evangelio, aunque, qué frágil sería nuestra fe si no se apoyara entre nuestros hermanos con quienes profesamos el mismo credo.

Pero tampoco es algo a lo que se nos coaccione. No puede haber fe donde no hay libertad, porque donde no hay libertad, tampoco hay amor. Y es que creer nos hace tomar la libre decisión de dar un salto al vacío sabiendo que al caer está la mano de Dios que nos sostendrá.

Nos plantea confiar ciegamente sin esperar nada a cambio, teniendo la plena certeza de que somos amados y que contamos con un propósito que trasciende nuestra humanidad.

Ahora, pues, son válidas la fe, la esperanza y el amor; las tres, pero la mayor de estas tres es el amor. 1 Corintios 13,13

No basta con que simplemente tengamos fe y creamos. La plenitud de la fe se manifiesta a través de la caridad, en el amor hecho obras.

Hoy en día, y con la facilidad tecnológica para llegar a cualquier parte del mundo, o tener acceso a cualquier tipo de información, nos es fácil romantizar la fe y escondernos tras una máscara poética que realmente no manifestamos a través de nuestro actuar.

Podemos hablar y escribir fácilmente cosas hermosas sobre la belleza de la Iglesia y las maravillas de Dios, pero no actuar según esas palabras.

Y aunque tuviera el don de hablar de parte de Dios y conociera todos los misterios y toda la ciencia; y aunque mi fe fuera tan grande como para trasladar montañas, si no tengo amor, nada soy. 1 Corintios 13, 2

¿Pero qué es lo que nos mantiene firmes en seguir creyendo y con la llama de la fe encendida? La oración.

Esa conversación continua con Aquel que nos ama desde la eternidad y que dio su vida sin remordimientos en el madero de la cruz, con los brazos extendidos como muestra del amor firme y ferviente por nosotros.

Es ese dialogo en la intimidad de nuestro corazón el que alimenta la llama de la fe para iluminar el camino que nos lleva a Cristo. Porque a fin de cuentas, es la fe la que nos sostiene en los momentos difíciles. Es la que nos mueve a amar a quien nos ha lastimado y a perdonar a aquellos que nos han dañado, aun cuando no haya motivos humanos para hacerlo. Porque es en el amor a través de la fe que entablamos sintonía con el amor de Cristo, un amor completamente libre en la entrega.

Tener fe es encontrar a Dios que me sostiene y me concede la promesa de un amor eterno que no solo aspira a la eternidad, sino que da. S.S. Benedicto XVI, Año de la Fe

La fe no es un simple emocionalismo que nos hace dejarnos llevar por lo que estamos sintiendo en el momento.  Sino la convicción de que somos amados aunque no lo percibamos físicamente.

No es magia que hace las cosas más sencillas, sino el don de creer que para Dios no hay nada imposible.

La fe es la virtud que te impulsa a subir las graditas al cielo. María Fernanda Moreno

Por sobre todas las cosas, la fe, con amor hecho obras, a semejanza de la belleza de la Virgen María, es nuestro boleto a gozar de la plenitud y la alegría del Cielo ya en la tierra, teniendo la certeza de que Dios obra sin medida en nuestro diario caminar, no solo por ser Dios, sino porque nos ama y porque nos espera recibir en sus brazos el día en que partamos de este mundo.

César Retana

Publica desde septiembre de 2019

Canto para Dios por vocación y soy diseñador egresado por hobbie. Tengo 26 años y 18 siguiendo a Jesús. Me gusta compartir el amor que Dios me tiene con los que me rodean. Soy salesiano y me gusta sonreír.