Como suelo hacer en las publicaciones, quiero contarte que me ha costado horrores escribir sobre la Sagrada Familia, no porque el tema no sea de mi interés, o porque no sea atractivo, al contrario, es particularmente profundo y al mismo tiempo de una extrema sencillez. Pero esto no lo entendí hasta que alguien me dijo: “estamos en tiempo de Adviento, de Navidad, piensa en la sencillez de la Sagrada Familia, del Niño Jesús y aprovecha para llegar a los corazones de la gente con ese mismo mensaje”.

Ahí fue cuando se me prendió la lamparita y logré entender, después de leer y leer, que no debía hablarte hoy, a vos, con un marcado tono formativo, al contrario, quiero hablarte de corazón a corazón. Quiero que encontremos la belleza de lo que nos trae hoy aquí.

Para ello, te pido que escuches esto mientras lees:

Hoy te invito a contemplar la Sagrada Familia, Familia muy singular, ya que dentro de ella se encuentra el Hijo de Dios: Jesús; un carpintero: José; y la Virgen María.  Precisamente por esto es una familia modelo, en la cual todas las familias encuentran su ideal seguro.

El ideal de la Sagrada Familia, donde no faltaba la cruz, pero se hacía oración; donde los afectos eran profundos y puros; donde la esperanza diaria de la vida se suavizaba con el acatamiento sereno de la voluntad de Dios; donde el amor no se cerraba, sino que se proyectaba lejos, en una solidaridad concreta y universal. Juan Pablo II, Angelus 27/12/1992

Cuando nos referimos a algo “sagrado”, nos referimos a algo “separado”, algo que ha sido sacado de lo ordinario, y separado para el uso exclusivo de Dios.

Siguiendo con esto, la Sagrada Familia, fue elegida por Dios para que Jesús nazca y crezca; y así fue como entre las paredes acogedoras de la casa de Nazaret, se desarrolló en un ambiente de alegría la infancia de Jesús, que “crecía en edad, en sabiduría y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2, 52).

Como dice el dicho, “cada familia es un mundo”, pero quiero que entiendas que hablamos de realidades, y cada familia es una realidad sagrada, y cada miembro dentro de ella también lo es. La familia ha brotado del corazón de Dios, leamos juntos el siguiente pasaje: “Ésta será llamada mujer, porque del varón ha sido tomada. Por eso deja el hombre a su padre y a su madre, y se hacen una sola carne” (Gn 2, 23-24). Desde la creación Dios te ha escogido a vos, te ha separado, te ha hecho algo sagrado.

Haremos una pequeñísima distinción entre “comunión” y “comunidad”. La primera se refiere a la relación personal entre el “yo” y el “tú”, pero la comunidad supera este esquema apuntando hacia una sociedad, hacia un “nosotros”. La familia es comunidad, es la primera sociedad humana, y por ende, núcleo básico de la sociedad. No hay comunidad, no hay familia, sin antes una comunión entre los cónyuges, entre los padres… la comunión es el primer paso para la comunidad.

Quiero traer a colación esta frase que me ha llamado la atención y me ha sido de mucha ayuda para escribirte:

Familia ¡sé lo que eres! Familiaris Consortio, Juan Pablo II

¿Y a qué esta llamada a ser? Es una gran pregunta… Esta llamada a ser lo que verdaderamente es, una comunidad de vida y amor. En la misma encíclica el Papa Juan Pablo II dice: “la familia recibe la misión de custodiar, revelar y comunicar el amor, como reflejo vivo y participación real del amor de Dios por la humanidad”

Ahora bien, ¿entonces a qué esta llamada mi familia? Tú familia está llamada a escuchar la voz de Dios y ponerla en obras. La familia es un camino hacia Dios, la familia está llamada a ser “iglesia doméstica”, la familia por esencia es sagrada. Y nuestras familias, teniendo a la Sagrada Familia como ejemplo, debe ser el principal lugar para salvarnos, pero ¡ojo! Cada miembro es fundamental para alcanzar esta meta.

¡Sí! como acabas de leer, sos fundamental para que tu familia llegue al cielo, al encuentro de Jesús, José y María.

¿Eres padre de familia? Sé cómo José, obediente y estate atento a los planes de Dios, a lo que Él te quiera decir y guía a tu familia por esos caminos.

Como madre, debes aprender a escuchar los designios del Señor y a obedecerlos con prontitud cómo María que dijo: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38).

“Es que tenía que estar haciendo las cosas de mi Padre” (Cf. Lc 2, 49) fue la respuesta de Jesús frente a María y José , después de haberlo perdido y hallado en el templo. ¿De dónde habrá aprendido esto? Jesús nació y creció en el seno de esta familia de Nazaret, y aprendió de esta obediencia de María y de José. Como hijo aprende de tus padres.

Jesús nació en un establo y como primera cuna tuvo un pesebre, pero el amor de María y de José le hizo sentir la ternura y la belleza de ser amados (…) Queridos amigos, ciertamente la Sagrada Familia es singular e irrepetible, pero al mismo tiempo es «modelo de vida» para toda familia, porque Jesús, verdadero hombre, quiso nacer en una familia humana y, al hacerlo así, la bendijo y consagró. El calor de una familia, Benedicto XVI, 26/12/2010

La familia como “iglesia doméstica”, es el lugar para poder aprender a escuchar la voz de Dios, para aprender a decirle que sí, para seguir sus caminos… la familia es un lugar privilegiado para ser santos, es el mejor campo de entrenamiento para la santidad.

Recemos con el Apóstol San Pablo:

Quien me esté leyendo que “¡La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza!” (Col 3, 16). Y “así como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre y paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros. Y por encima de todo esto, revestíos del amor que es el broche de la perfección. Que la paz de Cristo reine en vuestros corazones, pues a ella habéis sido llamados formando un solo cuerpo” (Col 3, 12- 15). Amén.

Gabriel M. Acuña

Publica desde marzo de 2020

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Argentino. Estudiante de Psicología. Diplomado en liderazgo. Miembro de Fasta. Consigna de vida: "Me basta Tu gracia" (2 Cor 12, 9). Mi fiel amigo: el mate amargo. Cada tanto me gusta reflexionar y escribir, siempre acompañado del fiel amigo. ¡Totus Tuus!