Tenemos muchas cosas y asuntos en nuestro día a día de los que ocuparnos y cumplir: el trabajo, el estudio, la familia, los amigos, los problemas y un largo etcétera. Pero, a pesar de todas esas obligaciones, tenemos y debemos incorporar otra más: cambiar, transformar nuestro entorno, la sociedad. ¡No es fácil pero sí es posible!

Para mejorar cualquier realidad es imprescindible mirarla con ojos de amor. El amor verdadero es amar a pesar de los defectos y limitaciones: y así es la sociedad, imperfecta y limitada, pero pese a ello la tenemos que amar para así poder cambiarla. Con esperanza, con optimismo; sabiendo que es posible. Para ello no es necesario hacer grandísimos proyectos, basta con el día a día desde mi trabajo, mi situación social, mi entorno… Mirando con una mirada de amor y belleza, viendo lo mejor que hay en cada individuo que me rodea. Todos somos pequeñas grandes obras de Dios, hemos sido creados por amor y para amar y aquí ha de residir nuestro optimismo e ilusión de saber que seguro hay mucho de bueno en cada una de las personas que me rodean. Saquemos lo mejor que lleva dentro nuestro prójimo y amemos a cada uno con un efecto trascendental y sin ninguna razón terrena. Esto es lo que hace grande a las sociedades. Como dijo Chesterton:

Los hombres no amaron a Roma porque fuera grande, fue grande porque la amaron. Ortodoxia

Amemos al mundo con pasión porque es el lugar donde se encuentran nuestros hermanos, aquello que queremos y donde se encuentra Cristo: donde nos encontramos con Él y a través del mundo Él nos habla. El mundo es el lugar donde podemos santificarnos, como hicieron todos los Santos.

No es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio. Todo puede ser aceptado e integrado, y así se incorpora en el camino de la santificación. Somos llamados a vivir la contemplación también en medio de la acción, y nos santificamos en el ejercicio generoso de la propia misión […] La firmeza interior que es obra de la gracia, nos preserva de dejarnos arrastrar por la violencia que invade la vida social, porque la gracia aplaca la vanidad y hace posible la mansedumbre del corazón. Papa Francisco, Gaudete et exsultate

En este camino de cambiar la sociedad desde el corazón es necesario incorporar en nuestro día a día el aguante, la paciencia y la templanza. ¡Pídeselas a nuestra Madre María! Para sobrellevar las contrariedades del día a día y los vaivenes de la vida. En esta mochila de virtudes no debe faltar la belleza del amor para tener una mirada esperanzadora y no una actitud derrotista; nos será más fácil ser comprensivos con las imperfecciones, no nos será nada indiferente y desarrollaremos la compasión y la empatía. Utilicemos siempre una mirada sobrenatural, optimista; esto no significa que ocultemos el mal sino siempre encontrar la posibilidad de redimirlo. No siendo individualistas, ya que esto no nos deja ver o sentir las necesidades del otro.

Jesús nos habla de la generosidad de corazón sin esperar nada e incluso de encontrar gozo entregándonos a los demás, viendo y sacando la belleza del otro. Toda esta misión de cambiar nuestro entorno como hicieron los Santos es más fácil de la mano de Cristo, contemplando a Cristo.

Para aprender a amar hemos de contemplar a Jesucristo, porque Su amor a los hombres es la medida y paradigma de la caridad cristiana. Padre Fernando Ocáriz, Amar con obras: a Dios y a los hombres

Apoyémonos en la oración para alcanzar un corazón limpio, de mirada pura, de armónica belleza; y también en los Santos, que, cada uno con sus diferentes virtudes e imperfecciones, supieron ser luz de Cristo en la sociedad y siguieron siempre adelante.

El día 1 de noviembre es el día de Todos los Santos: te animo a que te encomiendes a uno y le pidas que te ayude a imitar sus virtudes.

¿Qué mejor modelos para acercarnos a Cristo y para transformar la sociedad?

Beatriz Azañedo

Publica desde marzo de 2019

Soy estudiante de humanidades y periodismo. Me gusta mucho el arte, la naturaleza y la filosofía, donde tenemos la libertad de ser nosotros mismos. Procuro tener a Jesús en mi día a día y transmitírselo a los demás. Disfruto de la buena compañía.