Hay cosas que necesitan ser hechas en el mundo. Tú tienes dones que necesitan ser dados y palabras que necesitan ser dichas para fructificar. Si el punto en el que interaccionan estas variables está por ahora vacío, tu labor consiste en crearlo. Bienvenido al emprendimiento.

Es fácil, cuando sentimos esta llamada, desecharla con la excusa de que en realidad ese punto sí que está cubierto ya. A lo mejor, muy cubierto, con miles de personas trabajando en ello. Pero mira un poco más de cerca. ¿Lo está? ¿O falta un matiz, sea en el contenido o la forma, que resulta ser TU matiz?

Empezar y perseverar

Hay algo que Dios te ha dado específicamente a ti para ser y para hacer, y nadie más puede cumplir ese papel. Así que si te ves entreteniéndote en el pensamiento de que ya hay mucha gente trabajando en tu nicho (que sería la palabra técnica para el “punto” del que hemos hablado), y, sobre todo, saltando de ese al de que esa gente lo está haciendo mejor de lo que tú jamás lo podrías hacer… Para y sal de ahí. En el fondo hay una voz que te dice: “¿Qué podrías tener tú que dar o decir? No hay nada de valor en ti, cállate y deja que la gente que sabe lo que hace lo haga”. Bueno, amigo, estoy aquí para decirte que esa voz de tus miedos es un eco de la voz del diablo. ¡No puede permitir que hagas tanto bien como el que estás llamado a hacer!

Y no te creas que esa voz va a parar en cuanto comiences a emprender tu proyecto. La victoria no está en el primer paso, sino en la perseverancia. De hecho, volverás a oír esa voz con más fuerza todavía cada vez que vengan obstáculos, críticas y fracasos. Algo que ayuda mucho de cara a eso es simplemente esperarlo, asumirlo. Si te preparas mentalmente, cuando llegue podrás decir con calma: “Oh, sí, sabía que eso pasaría”. No, no es tan fácil y va a seguir doliendo. Pero no perderás por completo la paz, que es el estado del alma en que mejor puede actuar el Señor en nosotros (y peor el diablo). Puntos extra si lo aceptas como una manera de crecer en humildad y dependencia de Dios  (truco: pide esa gracia aunque no lo sientas así).

En definitiva, va a ser un reto, va a ser frustrante a veces, va a haber veces en que no parezca que valga la pena, etc. Pero si sabes que todo eso va a venir, si esperas que eso va a venir del maligno, te puedes preparar mucho mejor para perseverar en esos momentos. Merece la pena continuar con ello poniendo la vista en el fin, a pesar de cómo te puedas sentir en días puntuales.

Creer en ti mismo

Cuando uno sale a caminar con fe y valor, va a estar bajo ataque. Requiere mucho valor exponerse en una marca o un negocio, especialmente en la red, donde hay mucha negatividad, trolls, gente insensible, etc. Pero, pese a todo, estás eligiendo ser valiente, salir ahí fuera y hacer lo que piensas que Dios te ha encomendado. Dios va a bendecir eso —aunque no siempre como esperabas—, pero tienes que perseverar en ello, trabajar día tras día y creer en ti mismo como Dios cree en ti.

Él cree en ti tanto como para haberte creado. No tenía por qué haberlo hecho, pero Su amor infinito se ha desbordado en tu creación. Si hubiera querido crear a otra de esas personas que tan geniales y perfectas te parecen en vez de a ti, lo habría hecho. Pero no, te ha creado específicamente a ti, estás aquí por una razón, para cumplir un propósito, y si has discernido que una parte de ello es crear tu propia empresa, marca, página web, etc., ¿cómo no vas a hacerlo?

Tienes algo importante que decir y eso te tiene que ayudar a salir de los momentos difíciles. Tu proyecto tiene potencial para marcar una gran diferencia en el mundo, no importa que “objetivamente” parezca algo nimio. Porque cuando lo haces sabiendo que estás cumpliendo algo de Dios va a haber una atención y una excelencia que la gente no va a poder encontrar en ningún otro sitio. Vas a poner todo lo que tienes, vas a querer darte al máximo de tu potencial, y la gente lo va a notar.

Evangelización y servicio

Eso es también lo que crea el potencial evangelizador para una marca. No que sientas que tienes que meter a Dios con calzador en todos tus mensajes. Sino que, a través de tus productos, servicios, palabras y tu propia forma de actuar y desenvolverte en tu campo vas a mostrar de manera auténtica lo bello que es vivir en la luz y la verdad de la fe. Y mantener eso como tu valor nuclear, en el centro de lo que estás haciendo, va a ser clave para perseverar en esos momentos duros. Saber que merece la pena mostrar a la gente la belleza de la vida cristiana es algo muy poderoso para motivarte cuando tienes días malos.

¿Cómo puedes conseguir eso? Manteniendo una mentalidad de servicio. Esto no significa ser una ONG. Es bueno y justo cobrar por tus servicios, buscar un beneficio para sostenerte económicamente, pero esa no debe ser la causa última por la que haces lo que haces. Lo que buscamos hacer en primer lugar y sobre todo es servir a gente. Esto es lo que hace que tu marca sea católica, pensar en cómo servir a la gente antes de en lo que vas a sacar de ellos.

No será la última vez que oigas esto, pero has de entender que no es una estrategia. En efecto, es algo que también dicen los expertos en márketing seculares, pero en su mentalidad, te centras en servir PORQUE es lo que va a llevar a mayores beneficios. Es decir, el fin son los mayores beneficios, y por eso sirves. Para nosotros, como cristianos, la razón por la que buscamos servir es por el amor a Dios y a nuestros hermanos, cumpliendo con el mandamiento del amor que Cristo nos dejó.

No te desanimes, no tengas miedo, sal con valor y perseverancia, busca servir, y vas a hacer grandes cosas.

Paola Petri Ortiz

Publica desde abril de 2019

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Historiadora reconvertida en emprendedora, entrenadora personal y nutricionista. Apasionada de la salud espiritual, mental y física. Enseñando a cuidar de nuestro cuerpo como Dios cuida de nuestra alma. Aprendiendo a dejarme amar por el Corazón de Jesús.