No sé si alguna vez habréis tenido la oportunidad de entrar en una catedral, si no es así, os lo recomiendo.

Estos días pasados he tenido la suerte de ir a Toledo, y de conocer su grandiosa catedral gótica. Al entrar, uno no sabe dónde fijar su mirada, ya que todo resulta fascinante y admirable. Los colores, los altos pilares, la luz…Todo provocaba en mí una sensación pocas veces experimentada. Parecía que el mundo se paraba y que entrabas en una realidad paralela, de aquí que a las catedrales se las considere un microuniverso, un espacio diferenciado de la realidad. Esto es lo que provoca el arte: a través de la belleza que percibimos por los sentidos, elevar todo nuestro ser hacia lo eterno, lo sobrenatural.

No sé si os habéis parado a pensar lo grandioso que es la capacidad que tiene el hombre de crear. Crear una obra musical, literaria, arquitectónica, o una pintura. El tener en nuestro corazón estas aspiraciones de crear es un don que nos ha regalado Dios. De poder proyectar en el mundo nuestras inquietudes, pensamientos, deseos, y darles forma.

Lo máximo que puede hacer la humanidad con amor: música, escultura, arquitectura, pintura, mosaicos, todo es para ofrecerlo a Dios. Etsuro Sotoo (En la actualidad restaurador en la Sagrada Familia)

Eso es lo que tenían en el corazón y en la mente los hombres que construyeron las catedrales góticas, cómo hombres de la época medieval, considerada erróneamente una “época oscura”, fueron capaces de dar forma a las bellas aspiraciones de su corazón en forma arquitectónica. ¿Irónico, verdad? Así vemos como no todo era oscuridad en este periodo, en el que reluce la literatura y el arte lleno de simbolismos que ayudan al hombre a encontrarse con Cristo.

¿No os habéis planteado la grandeza de alma que tendrían aquellos hombres? Al crear monumentos que glorificaban a Dios majestuosamente y que fomentaban un encuentro con Él.

Si visualizamos los elementos de una catedral, encontramos vidrieras, rosetones, altos pilares y arcos apuntados.

El rosetón es una ventana de forma circular que tiene una vidriera adornada con diferentes dibujos y colores, y su función es iluminar el interior de los templos y crear un ambiente de culto.

Esto simboliza la entrada de luz en la oscuridad, la entrada de Dios en las situaciones de miseria, sufrimiento y pecado de nuestra vida para restaurarnos. Cuando Le abrimos la ventana del alma nos llena de luz y esplendor y da sentido a nuestra vida. Como ocurre en las catedrales, el interior está oscuro pero basta una mínima rendija que deja colar un rayo de sol para que este impregne el interior de luz. Y la luz es esperanza, es vida, es alegría. Cualquier estancia oscura produce tristeza, desesperación, incluso miedo. Pero Dios se basta de estos lugares para llenarlos de su gracia. Los artesanos de estas vidrieras son las herramientas de Cristo para entrar en la vida de los hombres. Las vidrieras son de colores, porque Él es la Luz y el Esplendor. Si le dejamos entrar en nuestro corazón las cosas y los acontecimientos adquirirán una dimensión nueva.

Sagrada Familia, Barcelona

Os preguntaréis a qué me refiero cuando os digo que abramos ventanas en nuestra vida, no es más que abrir nuestro corazón a Cristo: hablarle, rezarle, dejarnos aconsejar por las personas que viven cerca de ÉL, amar como Dios nos ama. Y así nuestra vida estará tan iluminada como las catedrales lo están gracias a su rosetón.

Gracias a la luz más bonita del mundo podemos ver las cosas claras, incluso el pensamiento. Etsuro Sotoo

Los altos pilares que tienen las catedrales ayudan a levantar los grandes ventanales. Los pilares son fundamentales, porque sin ellos se vendría abajo toda la estructura. Son de grandes dimensiones y altura, tienden al Cielo más que a la vida terrenal. Esta debe ser también nuestra finalidad, estar en la tierra pero aspirar siempre a Dios, con nuestro comportamiento, nuestras metas, nuestros deseos, nuestro trabajo…

Si al igual que en las catedrales, tenemos en nuestra vida unos pilares sólidos y fuertes, nada nos podrá derrumbar. Porque como le dijo Jesús a Pedro: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia” (Mt 16,18). A aquellos arquitectos solo les hacía falta un puñado de piedras para limar y construir altos soportes, a Dios solo le hace falta nuestro corazón y nuestra amistad para dar forma a una gran obra: nuestra vida.

Antes de continuar, es necesario plantearse: ¿cuáles son nuestros pilares?¿Dónde construyo mi esperanza, cuál es la razón de mi lucha diaria? Los pilares sostienen las grandes vidrieras para matizar la luz, ¿cual es tu pilar que debe llevarte a hacer el bien y amar a los demás?

Lo que más desea la gente es tener una respuesta, sin respuesta no podemos crecer. Pero, en realidad, lo verdaderamente decisivo es lo contrario: lo que importa es tener la pregunta correcta. Si tienes la pregunta correcta ya estás creciendo. Etsuro Sotoo

Otro elemento fundamental son los arcos apuntados, en los que dos tramos curvos se cortan superiormente formando un ángulo. Este tipo de arco también ayuda a levantar las altas vidrieras; vemos que todos estos elementos tienen la misma función. Igual tiene que ser en nuestra vida: que todo lo que construyamos y los proyectos que emprendamos sea para la Gloria de Dios, teniéndole a Él como base y centro de todo.

Si nos fijamos detenidamente, ambos tramos del arco se juntan: metafóricamente lo podemos entender como la necesidad que tenemos de otra persona. Somos seres que no poseemos ya por el hecho de existir nuestra propia perfección. Por lo que para alcanzarla, al igual que para existir, necesitamos de los demás, pues el hombre es un ser social por naturaleza. Tal perfección por la vía social se realiza sobre todo por el conocimiento y el amor de Dios.

El objetivo más importante no es que el templo quede bonito y acabado, esto es sólo una herramienta que hay que utilizar, el objetivo último es la construcción de la humanidad. Etsuro Sotoo

En Soria hay una ermita mozárabe preciosa llamada San Baudelio de Berlanga, denominada la “Jerusalén Celeste” que tiene como pilar central una gran palmera de piedra, símbolo de la unión del Cielo y la tierra y del hombre con Dios.

¿Hay aspiración más alta en la vida que la de caminar y construir para Dios?

Beatriz Azañedo

Publica desde marzo de 2019

Soy estudiante de humanidades y periodismo. Me gusta mucho el arte, la naturaleza y la filosofía, donde tenemos la libertad de ser nosotros mismos. Procuro tener a Jesús en mi día a día y transmitírselo a los demás. Disfruto de la buena compañía.