Hablar de la Madre de Jesús resulta un punto controversial entre los católicos y algunas denominaciones protestantes. Sabemos de antemano que no es mucho lo que se narra sobre la joven de Nazaret en la Sagrada Escritura; no obstante de lo poco que se nos dice podemos vislumbrar las extraordinarias virtudes que adornan a la “llena de gracia” (cfr. Lucas 1, 28).

Ya entre los primeros cristianos era común el culto a María, lo que se puede comprobar mediante algunos escritos de los Padres de la Iglesia como San Ambrosio, San Justino, San Ignacio de Antioquía, entre otros; e incluso algunos restos arqueológicos encontrados en las catacumbas romanas, en los que se representa a la Virgen con el niño Jesús entre brazos; también la oración a la Virgen María más antigua conocida, el Sub tuum praesidium, data del siglo III.

La Iglesia Católica siempre ha reconocido la belleza de las virtudes de María, lo que la ha llevado a profundizar en su vida y obra, en los más de 2000 años del cristianismo, con la guía del Espíritu Santo y fiel a la Sagrada Escritura y a la Tradición. Sobre la Santísima Virgen María la Iglesia ha declarado cuatro dogmas: María es Madre de Dios, María es Siempre Virgen, su Inmaculada Concepción y su Asunción al Cielo en cuerpo y alma.

Con respecto al último dogma: la Asunción de la Virgen María, fue proclamado por el Venerable Papa Pío XII, el 1 de noviembre de 1950 y se celebra en la Iglesia Universal el 15 de agosto de cada año. Pero, ¿qué significa que María fue asunta al cielo? No debemos confundir este término con el de la Ascensión del Señor: mientras Jesús ascendió a los cielos por su propio poder, María fue llevada al cielo mediante el poder de Dios. Así, se entiende la Asunción como el evento mediante el cual la Virgen María es llevada en cuerpo y alma al cielo “después de la finalización de su vida terrenal” (Papa Pío XII, Munificentissimus Deus, 1950).

La Asunción de María al cielo es, por tanto, el misterio de la Pascua de Cristo plenamente realizado en ella: está íntimamente unida a su Hijo resucitado, vencedor del pecado y de la muerte, plenamente configurada con Él. Benedicto XVI, Ángelus, 15 de agosto de 2012

Ni el dogma de la Asunción, ni ningún otro dogma mariano, le resta honor y gloria a Dios. San Luis María Grignion de Montfort nos recuerda en el Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen María que el culto a la Madre de Dios es Cristocéntrico; es decir que la auténtica contemplación de María nos lleva a conocer más perfectamente al Hijo, y justamente fue esta la intención del Papa Pío XII al proclamar el dogma.

Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo. Papa Pío XII, Munificentissimus Deus, 1950

Un hecho que respalda la Asunción de María es que no existe un lugar donde se custodien los restos de la Virgen, como lo ha hecho tradicionalmente la Iglesia a través de la historia con otros santos, era común en los primeros siglos preservar las reliquias de los mártires y santos; son conocidas, por ejemplo, las reliquias de María Magdalena, las tumbas de San Pedro y San Pablo en Roma, el cuerpo incorrupto de la mártir Santa Cecilia. Si la tumba de la más grande de las santas existiera ¿por qué no habría sido custodiada por los cristianos de la época? Tampoco se conoce con certeza el lugar donde ocurrió la Asunción, algunas versiones afirman que fue en Éfeso, otras que en Jerusalén.

Pero ¿qué implicaciones tiene para nuestra vida como cristianos, la Asunción de María? De acuerdo al Papa Emérito Benedicto XVI la Asunción tiene implicaciones directas para la humanidad entera, porque refleja la belleza del destino deseado por Dios para los hombres de todos los tiempos, quienes en su diseño original fueron hechos a imagen y semejanza del Creador, para participar de Su gloria y santidad, destino entorpecido por el pecado de Adán y Eva; restablecido en la persona de María, a través de la Encarnación en su vientre del Hijo de Dios.

La Asunción es una realidad que también nos toca a nosotros, porque nos indica de modo luminoso nuestro destino, el de la humanidad y de la historia. De hecho, en María contemplamos la realidad de gloria a la que estamos llamados cada uno de nosotros y toda la Iglesia. Benedicto XVI, Ángelus, 15 de agosto de 2012

Con esperanza contemplemos en nuestras vidas la belleza que guarda el misterio de la Asunción de la Santísima Virgen María, en el que la protagonista es una mujer, de carne y hueso, igual que tú y yo; quien siempre supo hacerse pequeña ante la voluntad de su Señor, para en todo configurarse con Él. Así, María es modelo para la Iglesia militante, “es la imagen y comienzo de la Iglesia que llegará a su plenitud en el siglo futuro” (Lumen Gentium, n. 68). Alégrate y gózate Hija de Jerusalén mira a tu Rey que viene a ti, humilde, a darte tu parte en Su victoria (Fragmento de la oración por la Asunción de la Virgen).

María Paola Bertel

Publica desde mayo de 2019

Investigadora social en formación, alma militante, llamada a servir por amor. Me apasiona escribir lo que Dios le dicta a mi corazón. Aprendí a amar en clave franciscana. ¡A Jesús por María y José!